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La reaparicion mortal de la malaria

La impresionante disminución en la cantidad de muertes por malaria desde inicios de este siglo es uno de los grandes éxitos de salud pública de los últimos años. Gracias a inversiones concertadas y destinadas a la prevención, diagnóstico y tratamiento, el número de muertos debido a esta enfermedad cada año ha disminuido en un 60 % desde el 2000, salvándose más de seis millones de vidas. Sin embargo, cuando el sueño de eliminar la malaria parece estar más cerca de hacerse realidad, una creciente resistencia a los medicamentos se constituye en amenaza a estos notables logros. En Camboya surgió la resistencia al más eficaz medicamento contra la malaria, la artemisinina y se está propagando a lo largo de la región del delta del Mekong. Si no se llevan a cabo acciones eficaces y oportunas, esta nueva forma de malaria resistente se propagará -un patrón que ya ha ocurrido dos veces con los antiguos medicamentos contra la malaria. Los gobiernos, organizaciones internacionales, grupos de la sociedad civil y las empresas deben tomar medidas urgentes para evitar una epidemia. A fin de retrasar la propagación de la resistencia por un período de tiempo lo suficientemente largo como para permitir que nuevos fármacos sean puestos al servicio de las personas, se debe lograr prevenir que la resistencia se asiente en el sur y sudeste de Asia, evitando que la enfermedad se extienda a otros lugares. Si la historia sirve de guía, la resistencia a la artemisinina podría desplazarse hacia India y de allí a África subsahariana y al resto del mundo, poniendo millones de vidas en riesgo y décadas de avance en peligro.
Se ha dado un muy bienvenido aumento en el apoyo de los donantes, en particular el que brinda la Iniciativa Regional contra la Resistencia a la Artemisinina, financiada por una donación de $100 millones del Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria. Pero, el lento fortalecimiento de las intervenciones de control convencionales no está demostrando ser capaz de avanzar a un ritmo que supere al de la propagación de la resistencia. Para dar fin a la malaria, necesitamos un frente mundial unido y se requerirá un mayor compromiso del sector privado. Hasta diciembre del año 2015, veintiún fabricantes de medicamentos que fueron consultados por la OMS todavía no habían aceptado mediante acuerdo detener la producción de monoterapias de artemisinina oral. Las empresas farmacéuticas que se basan en la investigación también deben invertir en la próxima generación de medicamentos contra la malaria. Mientras que muchos tratamientos basados en la artemisinina siguen siendo eficaces, en algún momento tendrán que ser reemplazados. Ya se ha encontrado dos prometedores nuevos candidatos a fármacos antimaláricos que en la actualidad se encuentran en la Fase 2 de ensayos clínicos – estas nuevas clases de compuestos tratan a la malaria en formas distintas a las formas que la tratan las terapias de hoy en día y, por lo tanto, tienen el potencial para combatir la resistencia que surge a los fármacos.
Podemos ganar muchas batallas contra la malaria, pero existen señales de advertencia familiares que indican que podríamos perder la guerra. La actual propagación de la resistencia a la artemisinina en Asia amenaza la vida de los niños en África en el mañana. Por eso necesitamos acciones eficaces para prevenir su propagación, incluyendo inversiones urgentes en la próxima generación de tratamientos contra la malaria. Si no prestamos atención a la historia, podemos condenarnos a repetirla.
Project Syndicate