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Realismo monetario moderno

¿La Teoría Monetaria Moderna (TMM) es una potencial oportunidad para los responsables de las políticas económicas o, como sostuvo recientemente Kenneth Rogoff de Harvard, una amenaza para “todo el sistema financiero global” y la primera línea de la “próxima batalla por la independencia del banco central”?
La inflación se ha mantenido por debajo “prácticamente de lo que cualquier modelo económico habría previsto”, mientras que “el dólar estadounidense se ha vuelto cada vez más dominante en el comercio y las finanzas globales”. ¿Quizás el déficit presupuestario de EE. UU. después de todo no sea un motivo inmediato de pánico? La TMM no es, como parecen pensar sus oponentes, esencialmente un conjunto de ideas sobre políticas. Es básicamente una descripción de cómo funciona en verdad una economía de crédito moderna -cómo los gobiernos y los bancos crean y destruyen el dinero y cómo funcionan los mercados financieros-. Tampoco es nueva: se basa en el trabajo de John Maynard Keynes, cuyo Tratado sobre el dinero señalaba ya en 1930 que “los Estados modernos” han funcionado de esta manera por miles de años. A partir de esta descripción surgen ciertos datos claros. Los gobiernos crean dinero gastándolo y lo extinguen mediante la tributación. Por tanto, un país grande que se endeuda en su propia moneda, no puede ser obligado a entrar en incumplimiento de pago. Es por eso que EE. UU. no es Grecia y no puede convertirse en Venezuela o Zimbabue. ¿Esto significa que “los déficits no importan”? No conozco ningún defensor de la TMM que haya hecho semejante afirmación. La TMM reconoce que la política puede ser demasiado expansionista y superar las limitaciones de recursos, generando inflación y una depreciación del tipo de cambio -algo que puede o no ser deseable-. (La hiperinflación, por otro lado, es un cuco que algunos críticos de la TMM utilizan como una táctica de miedo).
Pero el problema con los déficits presupuestarios no son las tasas de interés, que siguen bajo el control del gobierno. Tampoco la posible reducción de la inversión privada, que supone que los recursos dedicados a la financiación son fijos. El problema son los recursos reales. Aquí, la garantía de empleo propuesta por la TMM mantendría el uso de recursos reales exactamente en el nivel exigido para el pleno empleo, no menos, pero tampoco más. La Ley de la Reserva Federal de 1913 les dio a los líderes del nuevo banco central mandatos prolongados y, por lo tanto, independencia de la rama ejecutiva (de la cual es parte el Departamento del Tesoro). No ejercen funciones -como los secretarios del Tesoro- a discreción del presidente. La Fed también se autofinancia, lo que también le da independencia de la Oficina de Gestión y Presupuesto de la Casa Blanca. Pero la Fed no es y nunca ha sido independiente del Congreso de EE. UU. Y la TMM no tiene que ver con que el Congreso le ordene a la Fed usar su “balance como una fuente de financiamiento”, sino con entender cómo funcionan en verdad las operaciones monetarias, cómo se fijan las tasas de interés y qué poderes económicos tiene el gobierno de Estados Unidos.