Realineamientos electorales

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Realineamientos electorales

Para sorpresa de los que siguen pensando en la actividad política como un asunto con altos contenidos ideológicos, queda claro que prima en ella, cada vez con más fuerza, la conveniencia electoral. Y es que de eso es de lo que se trata, al menos en esta fase: ganar las elecciones.

Al respecto, comienzan a configurarse los binomios y ello da lugar a que algunas alianzas, presuntamente ya consolidadas, hayan perdido su consistencia multipartidista inicialmente configurada, en beneficio de sectores de los que aparentemente no podrían, con lógica doctrinal, hacer parte.

El fenómeno afecta a una mayoría de los agrupamientos hasta ahora conocidos. El del Gobierno inclusive, que ya se vio afectado por la renuncia de algunos de sus miembros fundadores, pierde ahora a uno de sus partidos aliados.

La diáspora oficial ha dado lugar a que en todos los otros sectores sea visible la presencia de exfuncionarios del actual régimen.

Por el estilo, con “enroque” o sin él, es de prever que la integración de las listas dará lugar a tensiones que, ojalá, no afecten las recién consolidadas estructuras partidarias del actual periodo de la historia política del Ecuador.

La democracia requiere instituciones políticas robustas, con amplio y permanente apoyo popular, de modo que su accionar no sea únicamente visible en los periodos de campaña electoral sino en cada momento en que las vicisitudes de la vida nacional lo requieran.

Y son también necesarias estructuras partidarias sólidas para garantizar que se respete la voluntad de los electores, sin dudas respecto a manipulaciones previas o durante, o después de los comicios.

En cualquier caso, pasado el tiempo de la exhibición de las candidaturas, conviene insistir en la necesidad de que estas hagan públicas sus propuestas, especialmente aquellas destinadas a superar la crisis económica que deberá seguir enfrentando la República, al menos a lo largo del presente y el próximo año.

Por el estilo, es clave que los ciudadanos conozcan los planes que para la conducción del Ecuador han preparado quienes aspiran a dirigirlo, al tiempo que se deje saber con qué recursos humanos aspiran a llevarlos adelante.

La situación amerita que la dirigencia política, con amplitud de criterio y con la coherencia requerida, recurra a los mejores valores.