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El Ramadan, una celebracion amarga en los paises en guerra

El Corán. Según la tradición islámica, julio es el mes en el que el profeta Mahoma empezó a recibir la revelación del libro sagrado.

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De Arabia Saudita a Indonesia, más de mil millones de musulmanes empezaron ayer a celebrar el ramadán, una fiesta que se anuncia de nuevo difícil en los países en guerra como Siria.

Desde el alba, numerosos fieles dejaron de beber y de comer hasta el anochecer, como lo establece el Corán para el mes sagrado del ayuno y de la oración.

El ramadán, uno de los cinco pilares del islam, empezó en la mayoría de países sunitas, menos en Marruecos, donde se iniciará hoy, como en los países chiitas, como en Irán.

Este mes de ayuno es considerado como un esfuerzo espiritual y una lucha contra los placeres terrestres durante el día. Pero cuando el sol se pone, empieza la fiesta con comidas colosales donde se reúnen familias enteras y amigos.

Este año, otra vez, Ahmad Aswad, de 35 años, no tendrá esta suerte en Alepo, una ciudad siria bombardeada todos los días. “Aquí no hay nada que se parezca a la alegría. Este es el quinto ramadán que paso durante la guerra”, se lamenta este padre de tres niños que vive en un barrio controlado por los rebeldes.

Además de los combates, son la falta de comida y los precios astronómicos los que impiden que se celebre el ramadán como tal en las ciudades sirias asediadas, como en Madaya, donde una simple lechuga cuesta 7.000 libras sirias ($ 5).

En Daraya, otra ciudad siria asediada, “los disparos para celebrar el ramadán nunca cesan”, dice sarcásticamente Shadi Matar, un militante que cuenta que se tiene que ser muy valiente para salir a buscar comida.

Tampoco están para fiestas en la ciudad iraquí de Faluya, donde 50.000 personas se encuentran bloqueadas en el centro, por la que luchan las fuerzas iraquíes y los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI).

A 2.000 kilómetros al sur, en Yemen, Abdalá Sarhan también lamenta que “por segundo año consecutivo la guerra nos ha fastidiado el ramadán, que solíamos celebrar con alegría y tranquilidad”.

Este profesor de 42 años y su familia arriesgan su vida “en todo momento” con “los bombardeos casi diarios” que caen en Taez, una de las ciudades más afectadas por la guerra en Yemen.

El contraste es absoluto con los otros países del Golfo. En estos países, algunos de los cuales son los más ricos del mundo, hoteles y restaurantes compiten para proponer los más fastuosos “iftars”, la comida nocturna para romper el ayuno. En Riad, Dubái o Abu Dabi, el ramadán es el mes del consumo y del exceso, a pesar de algunas medidas de austeridad impuestas por la caída de los precios del petróleo en estos últimos meses.

En Túnez, donde ninguna ley prohíbe comer o beber en público durante el ramadán, el debate sobre la tolerancia también está presente. El Colectivo para las libertades individuales, en el que participan varias oenegés, pidió a las autoridades que “garanticen las libertades durante el ramadán” y no cierren ni restaurantes ni cafés.

En China, en la región de Xinjiang, donde viven 10 millones de uigures, musulmanes de habla turca, el Partido Comunista en el poder ha impuesto restricciones para celebrar este mes de ayuno.

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