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La racionalidad del voto
La campaña electoral se ha iniciado dentro de un año, que en lo político, tanto a nivel nacional como internacional, está lleno de expectativas. Más allá del principio pendular tenemos que, por ejemplo, en las recientes elecciones de los Estados Unidos de Norteamérica, el triunfo de Trump resultó ilógico para muchos, dadas las características atípicas de su campaña, ya que suponemos que la decisión de otorgarle el voto a un candidato es el resultante de un proceso racional, luego de haber sopesado factores tales como las propuestas de campaña, la afinidad e identificación con el candidato. Sin embargo, en su gran mayoría, la decisión frente a la papeleta electoral es irracional pues el “marketing” político procura hacer del candidato un producto de masiva aceptación, tratando de tocar el mayor número de fibras en lo afectivo y emocional, pasando a segundo plano lo “racional aburrido”.
Parte fundamental del “marketing” se revela vía sondeos de opinión o preferencia, basado en procurar la identidad de ideas y temperamento del candidato o candidata con el elector. Eso hace que nuestro cerebro, selectivamente, centre su atención en lo que queremos escuchar, desechando lo demás.
En cuanto a la identidad y empatía, en lo que al temperamento del candidato se refiere, hace que aquellas características que de manera racional nos producirían rechazo, tales como expresiones o lenguaje soez, de manera irracional nos generen empatía, pues muchas veces ese es el lenguaje o expresiones que utilizamos en círculos de compañerismo.
Tampoco podemos pasar por alto la solidaridad que muchas veces genera empatía, por cuanto surge ese sentimiento de apoyar a quien se considera víctima, bajo cualquier circunstancia. Dentro de la historia política del Ecuador, tenemos el caso del Frente Radical Alfarista, convertido en segunda fuerza política, a través del “voto solidario” que el pueblo le dio a la hija del Eco. Abdón Calderón, asesinado meses anteriores al proceso electoral. De ahí que queda claro que el voto a la hora de la verdad, no es racional.
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