En Quito se pide por salud y empleo

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En Quito se pide por salud y empleo

Devoción. La peregrinación en honor al Jesús del Gran Poder en la capital crece cada año y ayer acudieron a la procesión 10.000 personas vestidas de cucuruchos y verónicas. Fueron 2.000 más que en 2018

Acto. Las marías son las que acompañan todo el Vía Crucis de Jesús.

Una fe que no se desgasta. Ayer en Quito se cumplió la 58ª edición de la Procesión de Jesús del Gran Poder, que congregó a miles de creyentes católicos y con la que recuerdan cada Viernes Santo la muerte de Jesucristo. Durante los últimos años se estima que unas 250.000 personas participan de esta costumbre cristiana.

Los preparativos de quienes se visten de cucuruchos y verónicas, que son representaciones tradicionales que acompañan a Jesús del Gran Poder y a la Virgen Dolorosa en el recorrido que inicia y termina en San Francisco, empiezan en las primeras horas de la mañana, con los diferentes rituales que la gente realiza para colocarse los atuendos que los identifican.

No están exentos de respetar las jerarquías. Quienes han participado de generación en generación, tienen el privilegio de salir al inicio del desfile y son los que van abriendo el camino a la imagen de Jesús. Darwin Oña es uno de ellos. Se prepara, junto a su hijo Jairo de siete años, para salir vestido de cucurucho arrastrando unas cadenas que están atadas a sus tobillos.

Comenta que esta es una costumbre que la inició por el ejemplo que le dio su hermano, quien a pesar de su enfermedad siempre tuvo la fe de cumplir “la penitencia” para que las cosas le vayan bien. Espera que su hijo siga este ejemplo. “Le pido salud, trabajo, que bendiga a mi familia”, asevera.

Cruzando el patio del colegio San Andrés, en el centro histórico de Quito, María, junto con un acompañante, rompe los tallos con espinas de las rosas que ha cortado del jardín de su casa, para con unas cuerdas amarrarlos a sus piernas como parte de la penitencia que va a cumplir. Mientras las espinas van desgarrando su piel, conversa y afirma que es el primer año que se pone las espinas, porque “su familia le escondió las cadenas que cargaba en su cuerpo durante la procesión”.

“Esto lo hago porque todo lo que hago se me revierte en bien en el 110 %”. Es el primer año que lleva a su hijo de 12 años para que lo acompañe. Espera que “los jóvenes tomen conciencia de que es bueno aferrarse a la fe a Jesús y dejar de lado otras cosas banales como los celulares o los vicios como las drogas”. María se viste de verónica, que es la representación de la mujer valerosa que se abrió paso para limpiar con un paño el sudor y la sangre del rostro de Jesús, y en aquella tela habría quedado milagrosamente grabado el Santo Rostro.

Son familias completas que quieren cumplir con devoción. No les importa hacer sacrificios como cargar una cruz hecha con un tronco de madera que antes había sido un poste de alumbrado público. Solo para bajar el madero del camión que lo transportó, se necesitó de al menos 10 personas. Otros creyentes traen cruces con la imagen de sus seres queridos. María Sangucho pegó la foto de su hermano, fallecido en diciembre del año pasado, y pedía que salga la indemnización para poder ayudar a los cuatro hijos que dejó al caerse del vehículo de limpieza en el que trabajaba.

EL DETALLE

Obsequios. Las carrozas que llevan las imágenes de Jesús del Gran Poder y la Dolorosa son adornadas con miles de flores obsequiadas por los fieles.

COMERCIO

La fe llega con un auge en las ventas

No todo es penitencia durante la procesión, también está el comercio formal e informal, que beneficia a quienes lo ejercen. A más de la venta de comidas en los alrededores del templo de San Francisco y del colegio San Andrés donde se prepara el desfile, hay personas que se buscan la vida con cosas novedosas y que recuerdan la fecha.

Caridad ofrece a los feligreses y turistas que se dan cita al centro de Quito, bolsos de cucuruchos para llevar las botellas de agua, cola o jugos. Ella misma confecciona estos bolsos de color morado con la forma de cucurucho, que vende a un dólar.

“Los fabrico yo misma y los vengo a vender. Al menos se venden unos 150 de estos bolsitos, pero espero hoy vender más, porque también hay una procesión en el sur”, manifestó.