El quinquemestre

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El quinquemestre

Es verdad que en ocasiones es conveniente sumarse a la corriente por la que caminan otros países y en ese sentido se aceptó el probar esta nueva unidad de trabajo escolar que el Ministerio de Educación propuso en su momento, que nos llevaba de un año lectivo de tres trimestres a uno de dos quinquemestres.

Al haberse cumplido ya dos años de la implementación, al menos en la costa, del nuevo sistema obligatorio para todos, al haberlo sopesado y visto desde distintos ángulos, incluidos los del cansancio y fatiga, tanto laboral como pedagógica, y seguros de que ya no es una interpretación al azar o disparatada, hoy queremos abordar este tema que parece tan irrelevante como sencillo.

El trabajo del profesor y del alumno en el aula debe observarse desde la óptica del rendimiento para enseñar y aprender. Es evidente que el trabajo áulico requiere también de condiciones específicas para darse con dignidad y comodidad, respetando, por cierto, las fuerzas y capacidades de cada quien. Desde ese punto de vista podemos comentar que el quinquemestre resulta una unidad temporal muy extensa por lo agobiante de nuestro clima y las condiciones que esto genera en el aula.

Nosotros que carecemos de los extremos climáticos, es decir, de los 0° y de los 40° o más, realmente solo debemos huirle a la temporada de lluvias y de los fuertes calores, por tanto, deberíamos hacer todo lo posible para dejar los meses de febrero y marzo absolutamente libres de toda carga pedagógica.

El quinquemestre fatiga tanto a profesores como a estudiantes, al extremo de que en el último mes de cada uno de ellos, es poco lo que se puede avanzar y obtener como resultados. Por ello, no creemos disparatado solicitar al Ministerio de Educación una revisión de la decisión tomada y, al menos en la costa, permitir que se vuelva a la fórmula trimestral, que si bien nos aleja del modelo del norte, hace más llevadero el rigor pedagógico.

Dos años parece un tiempo justo y adecuado para evaluar una medida y es bueno que recordemos que, sin condiciones humanas de predisposición y motivación, resulta casi imposible trabajar en educación.

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