Puesta en escena

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Puesta en escena

Estados Unidos. Francia. Reino Unido. Juntos para bombardear al ejército sirio. Aparentemente el gobierno de Al-Asad había utilizado armas químicas contra la población. Refuerzo la palabra aparente. No porque crea que Al-Asad sea incapaz, sino porque no hay pruebas. Nos enseñan eso en la primaria: no acuses a menos que estés seguro. Esa lección Trump y sus aliados se la saltaron. La clase donde te enseñan que el uso de la fuerza solo es: a) en defensa propia o, b) bajo el mandato del Consejo de Seguridad, también decidieron ignorarla. La ONU puede asistir a su funeral. La voluntad de los fuertes vive. Sin embargo, hay una balanza: grandes con intereses contrapuestos. Rusia. No solo calificó este acto como “violación al derecho internacional” (muletilla). Dio un pasó más: afirmar que los videos del ataque químico eran un montaje. Un engaño, una gran puesta en escena orquestada para justificar la intervención. Alto. Hasta los más desconfiados pondremos reparos. EE. UU. es capaz de exagerar los hechos a su conveniencia. Pero, ¿sería capaz? Veamos los siguientes hechos: (i) inexistentes los pacientes con síntomas de intoxicación y las decenas de miles de víctimas mortales propias de un ataque de tal magnitud; (ii) la coalición no solo no esperó los resultados de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas, sino que el día que empezaba la investigación bombardearon en la madrugada, saboteando el proceso; (iii) Al-Asad está al borde de terminar la guerra civil, ¿es lógico que decida a estas alturas indignar a la comunidad internacional? Entonces, ¿montaje? ¿Rebasaron los límites de la decencia? En 1990 una niña de 15 años contaba al Congreso de los EE. UU. cómo los iraquíes habían invadido su país (Kuwait) y suplicaba su ayuda. Cuatro días después empezaría la Guerra del Golfo. Esa niña, Nayirah, mintió. Durante la ocupación, estaba en el DC. Era la hija del embajador kuwaití en EE. UU.; querían movilizar a la opinión pública a favor de una intervención. Lo lograron. Así que no es un “¿lo harían?”, sino un “¿lo volverían a hacer?”. Rusia hará lo imposible para demostrarnos que sí.