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Puerto de Posorja al fin
Era y será antihistórico pensar que es posible que Guayaquil, a corto, mediano o largo plazo, deje de ser el puerto principal, más activo y dinámico del Ecuador. En esa conquista y posicionamiento se conjugan centenares de años. No lo logró por concesión política o simple conveniencia de juegos de líderes y dirigentes. Todo lo contrario, ha tenido que bregar muchas veces contra ello para que no se le impida llegar al sitial que el comercio internacional le reconoce.
Esto tiene que ver mucho con la dinámica, característica idiosincrásica de lo que algunos llaman el capitalismo guayaquileño. En efecto, así parece ser. El primer sitial y el llegar a ser reconocido como uno de los primeros, principales y más importantes puertos del Pacífico Sur no es algo que proviene del juego ideológico, de acuerdos y programas politiqueros. Siempre ha sido el resultado de acciones de emprendimiento, individual y social, de riesgos que ha sabido jugar, de desafíos y obstáculos que ha sabido vencer. Pero sobre todo, de una firme voluntad y decisión de persistir en su identidad, que por geografía y tradición le pertenece.
Por eso los hechos, el proceso y los avatares de esa historia de impedimentos que se le quisieron poner a Guayaquil para que no se reconstituya y extienda desde Posorja, como puerto de aguas profundas, de transferencia y de mayor envergadura, o que pueda responder a la expansión comercial del país y de la región, así como a su vinculación con el mundo globalizado, siempre fue algo que careció de sentido y sobre todo de razón.
De ahí que es bueno que la sensatez haya desplazado las inquinas y odios políticos. Así, no solo gana Guayaquil, como el puerto principal del país. Quienes creen esto se equivocan, el ganador efectivo es Ecuador, que obtiene mayores y mejores beneficios comerciales. Ya es hora de que se reconozca que desde aquí se mueve y dinamiza el comercio de la nación, de las exportaciones e importaciones.
Después de las trabas políticas que antecedieron y que fueron superadas, solo queda esperar que se vaya a paso rápido y que la inversión privada se concrete. De este modo, nuestro país se verá enormemente favorecido por la vía y la dinámica del comercio exterior que desde Posorja se le imprimirá al conjunto de la economía.