Puerto de Guayaquil, puerta de salida de ‘narcocontenedores’

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Puerto de Guayaquil, puerta de salida de ‘narcocontenedores’

De 49 toneladas de droga incautadas en muelles locales, 34 son hallados en complejo del sur.  La urbe concentra 72 de los 84 casos nacionales en 2021

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Los 1.102 bloques encontrados en una casa en Urdesa el miércoles pasado, suman a la cifra, que constituye un récord histórico de decomisos de droga en Guayaquil.Ronald G. Soria / EXPRESO

En los últimos días la Policía Nacional ha anunciado que las operaciones antidrogas han marcado un récord en capturas: 189 toneladas. Paralelamente, el puerto de Guayaquil, el histórico de la ciudad, concesionado en mayo de 2007 por 20 años a Contecon, suma también una cifra superlativa: 34,5 toneladas de estupefacientes ubicadas en contenedores contaminados en algunos de sus espacios de tránsito.

De los 84 intentos de enviar drogas por uno de cinco puertos del país, la mitad de ellos fueron descubiertos en el complejo del sur. Un sitio por el que solo el año pasado se internacionalizaron de manera regular 5’485.354 toneladas de carga, gran parte de frutas, cuyo mayor destino fue algún país europeo.

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“Para el narcotráfico, los puertos son la parte fundamental de sus operaciones. Más un puerto como el de Guayaquil, que tiene el más importante movimiento de exportaciones”, asegura Nelson Badillo, jefe de la Unidad de Investigaciones Antidroga. Solo el año pasado salieron desde ahí 193.836 contenedores.

Mientras más intenso es el movimiento, hay más posibilidades de camuflar los envíos ilegales, afirma este jefe policial, quien considera que las organizaciones delictivas ejecutan actividades de inteligencia para buscar gente que les provea información de los contenedores y de sus destinos; para tratar de enrolar a trabajadores y operarios del puerto y además infiltrar a su gente.

EXPRESO solicitó una entrevista a Contecon acerca de los controles en el puerto a su cargo, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.

Diego M. (nombre protegido) es un operador de comercio exterior (un oce, como se los identifica en el mundo de las exportaciones) y conoce al detalle esto de los controles. Se lo contrata para representar al dueño de la carga cuando se bloquea la salida de un contenedor. “Debo estar presente cuando llega Antidroga y revisa la carga. Demoran hasta dos horas y media. Es el trabajo más fácil, no hago nada. Me siento a esperar que pasen primeros los agentes, luego el primer perro, después el segundo. Cuando terminan, es un alivio. Tengo amigos que estuvieron un mes detenidos, por investigaciones, cuando a algún contenedor a su cargo le metieron ‘ñoña’ (droga)”.

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En Guayaquil hay unos 50 ‘oces’. Muchos de ellos tienen de cuatro a cinco inspecciones a la semana y cobran de 40 a 60 dólares por cada una. “Son empresas que conocemos, pero ni nosotros ni las navieras o el dueño de la carga sabemos en qué momento meten la mano los narcos”, afirma Diego, quien recuerda que en mayo pasado se descubrieron 4,6 toneladas en un mismo día repartidas en tres contenedores. “El cambio se hizo dentro del puerto. Sacaron de un contenedor 45 cajas de banano que las trasladaron a otro contenedor que tenía troncos de teca de 2,60 metros. En el reemplazó desapareció la madera. Nunca se supo dónde fueron a parar. Son tan audaces que un tipo fue descubierto en octubre a las diez de la mañana tratando de contaminar un contenedor”.

La Policía Nacional ejecuta control con tres unidades: la de Investigación de Puertos y Aeropuertos (Unipa), la Canina (UNAC) y la Especial Móvil Antinarcóticos (Unema). Si en el país hay 300 agentes distribuidos en los puertos, 140 están en Contecon. A los primeros (Unipa) se los conoce como ‘los analistas’. Ellos no bajan a los patios. En sus computadoras analizan el historial de cada carga y el destino. Si es fruta, a qué finca se la fue a recoger, la ruta que siguió y el tiempo que duró el viaje.

La siguiente brigada son los ‘olfateadores’, los canes de la UNAC, que aparecen solo durante la revisión. Los analistas determinan qué contenedores deben ser bloqueados para inspección. Los de la UNAC, en cambio, se encargan de descubrir “si algo huele mal” en el lugar.