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El PSC, del dicho al hecho

El acto socialcristiano de este miércoles, a diez días de las votaciones, se traduce entonces en un sprint de recta final en favor de Lasso.

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El socialcristianismo decidió enterrar las sospechas y las críticas y los comentarios el miércoles 22 de marzo del 2017, al caer la tarde, en Guayaquil.

Lo hizo durante una reunión “de agradecimiento a la militancia” que durante la campaña presidencial trabajó a favor de la fallida candidatura de Cynthia Viteri, quien nada más derrotada, tardó sólo tres horas que reconstruir el puente dinamitado entre su partido y CREO, que auspicia la candidatura de Guillermo Lasso, para quien pidió el apoyo.

Lo hizo esa noche. El día siguiente. La semana siguiente. Pero siempre ante una cámara y una grabadora. Ahora, además, lo ha hecho ante la masa política de su movimiento.

El Partido Socialcristiano, cuyos líderes no han mantenido reuniones con el equipo de Lasso o la dirigencia de CREO, ha hecho pública una postura crítica contra la candidatura de Lasso, desinflada en las últimas encuestas públicables, pocos puntos detrás del oficialista Lenín Moreno.

Jaime Nebot, alcalde de Guayaquil y lider máximo del PSC, ha acusado a Lasso de “no haber hecho lo suficiente” para capitalizar el voto que debió haber sido traspasado a su favor como endoso de la fuerza socialcristiana.

Con Pichincha prevista en los dominios de Lasso y Manabí en los de Moreno, Guayas, la provincia más poblada del país, se alza como la joya de la corona en disputa.

Y se ha convertido en el centro político más visitado por ambas candidaturas finalistas.

El acto socialcristiano de este miércoles, a diez días de las votaciones, se traduce entonces en un sprint de recta final en favor de Lasso.

La centroderecha, irreconciliable hasta esta tarde, ha puesto “por delante los intereses del país”, en boca de sus líderes.

Nebot, en un discurso tan contundente como corto, guardó coherencia con sus críticas, pero también con sus intenciones: “vamos a seguir haciendo el trabajo silencioso”, pidió a su militancia de los sectores populares de Guayaquil, fiel a la costumbre de creer más en el trabajo puerta a puerta que en los mítines y exhibiciones.

El alcalde, un aliado distanciado de Lasso, ha subido a la campaña en la recta final, consciente de que esta, su trinchera, no puede ser conquistada fácilmente sin el trabajo del partido dueño de casa.

Viteri, por su parte, convertida en la cara más visible del socialcristianismo después de Nebot y, probablemente, enfilándose hacia su sucesión natural, ha dirigido unas palabras a quienes antes trabajaban en su favor para pedir, sin medias tintas ni eufemismos: “lo que hicieron por mí, háganlo por la democracia”, por Lasso, a quien ha bautizado como la única salida del socialismo del Siglo XXI. Ni la mejor ni la que les agrade: “la única”.

El PSC, criticado por partir a la tendencia durante la primera vuelta, ha luchado contra una opinión pública ácida.

Y con este acto ha enterrado las sospechas que pudieron quedar vivas: han escogido un lado en la historia, pero también se han mostrado dispuestos para ayudar a escribirla.

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