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Proponen la filtracion ‘in situ’ de las aguas lluvias

Existe un patrón indiscutible entre los guayaquileños: una lluvia fuerte que coincida con una marea alta da siempre como resultado una ciudad que se inunda. Sobre esa regla, un arquitecto porteño -Eduardo McIntosh Shu- ha realizado un análisis del porqué y también confecciona posibles soluciones al problema que en cada invierno padece esta urbe. Son una serie de ítems que vía Twitter se las comunicó al alcalde Jaime Nebot, y sobre las que Diario EXPRESO tuvo la oportunidad de consultar. Sobre posibles soluciones, McIntosh considera que es indispensable que construcciones como malls, explanadas de parqueo, hospitales, colegios y terminales construyan ‘in situ’ filtros o mecanismos de atenuación de los caudales fluviales. Sobre esto habla de tanques de aguas lluvias enterrados, de pequeños jardines en lugares estratégicos de la ciudad, que permiten que el agua de lluvia se absorba por el suelo. Que el Municipio local edifique en las zonas de riesgo áreas verdes absorbentes (estanques de retención, áreas inundables, entre otras) y zonas arborizadas, como infraestructuras de esparcimiento antiinundación. Igualmente recomienda la rehabilitación de las zonas naturales de absorción, con una distribución homogénea en la ciudad, pero en especial, en las áreas consideradas de más riesgo para las inundaciones . Medidas que permitan atenuar un problema instalado en el tiempo: desde su fundación el diseño de la ciudad no fue pensada para mitigar la intensidad de las inundaciones. Para sustentar esta sentencia, analiza el modo en el que se ejecutó su desarrollo: se rellenaron los esteros, las áreas verdes que son absorbentes naturales fueron cubiertas con cementos y se talaron los árboles. Todos los mecanismos naturales que la ciudad tuvo en su momento, desaparecieron. A esto hay que sumar el crecimiento en forma horizontal de la ciudad. Algo que provoca que las redes de alcantarillado pluvial no sean suficientes, que jamás podrán cubrir la demanda de drenaje de Guayaquil. Asegura que mientras existan vastos sectores (barrios, ciudadelas) bajo el nivel de las mareas más altas, es ilógico pensar que el agua que traen las lluvias sean drenadas en un aguaje. A esto se suma que en ciertos momentos los mecanismos de evacuación -sumideros y alcantarillas- colapsan porque las aguas acumuladas arrastran basura y desechos que las personas arrojan a las calles. Algo que agrava porque en décadas no hubo una normativa constructiva que determine que las grandes edificaciones y explanadas de parqueos tengan sistemas de absorción propios. La red de la ciudad tiene que absorber los caudales de estas grandes áreas. Por todo esto, McIntosh se atreve a considerar que resulta poco práctico y, además, peligroso, mantener al río Guayas y al Estero Salado como la única alternativa para drenar las aguas lluvias de la ciudad. Ingeniero Miguel Cabrera Ideas nuevas, menos costosas Para Miguel Cabrera Santos, un ingeniero civil, gerente de Grupo Consultor Hidroestudios y catedrático, existen muchas maneras de resolver el problema de inundaciones en Guayaquil. Sin embargo, la mayoría, y las más convencionales, son costosas. “Podría construirse un gran ducto perimetral que cerque los canales de drenaje para conducir las aguas a un gran cajón desde donde se las bombee al río. Pero esto es sumamente costoso. Más si es para resolver un hecho que se presenta una o dos veces al año”. Este profesional dice que existen nuevos mecanismos de respuesta, como la creación de pequeñas lagunas -reservorios- que se construyen en determinados sectores que permiten regular el caudal de aguas lluvias que evacúan al río y al estero. La ubicación de áreas verdes y zonas arborizadas. Construir respetando los caudales naturales de las cuencas. Algo que Emapag analiza plasmar en un área de 250 km2, donde se ubican barrios como Monte Sinaí, Ciudad Victoria, Mi Lote, cuyas aguas descargan al río Daule, por Puerto Lucía.