Profesionales con etica y valor

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Profesionales con etica y valor

Qué bueno y reconfortante resulta conocer de la existencia de jueces que se atreven a decir desde la condición de presidente de una Corte Suprema, que la “independencia del sistema judicial es algo por lo cual todos debemos estar agradecidos”.

Sin duda, en los Estados Unidos funciona la separación de poderes, no únicamente porque las funciones de cada uno de ellos están perfectamente establecidas, sino también porque quienes los representan saben hacerlos respetar.

Resulta así que los propósitos promovidos, entre otros filósofos de todos los tiempos, por Montesquieu, cobran vigencia, más que por su incorporación teórica al cuerpo jurídico de una república, en razón de la decisión de los funcionarios y los ciudadanos de otorgársela en plenitud.

Ello, por supuesto, requiere de hombres y mujeres decididos a jugarse por sus principios. Por supuesto entonces, ello requiere de hombres y mujeres “con principios” que, lamentablemente no son materia de amplia distribución popular, no se pueden adquirir en los centros comerciales de aquí o los del extranjero. Son, normalmente, una herencia familiar o un bien adquirido en la forja cotidiana que algunos espíritus luchadores logran.

Ojalá pronto, superando la crisis que actualmente la aqueja, la universidad ecuatoriana logre volver a ser la forja donde se templan los ciudadanos que tienen que construir el futuro. Con profesionales que descalifican la política, pero se dedican a la politiquería más abyecta y tienen como única medida del éxito la acumulación de dinero, estaremos listos para comprar y vender pero no para conducir el destino de una república como la nuestra, que guarda en su patrimonio innegociable un caudal construido con el respeto a las libertades y la decisión de combatir en su defensa.

A su vez, el progreso será meta inalcanzable si no se cuenta con profesionales sólidamente formados, responsables y también con la ética requerida para decir me opongo, en defensa del interés nacional, tantas veces ofendido con la complicidad de algunos pusilánimes ambiciosos y complacientes, entrenados para siempre asentir.