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Problemas vicepresidenciales

La Vicepresidencia de la República es un cargo que convierte al segundo ciudadano del país en “conspirador permanente con sueldo del Estado”, de acuerdo a la tan conocida expresión del doctor Velasco Ibarra. El cargo ha sufrido algunas variantes y ha servido para que ciertos ciudadanos lleguen al poder no precisamente por el mandato de la ‘dura lex, sed lex’. También tal cargo recibió el calificativo de “serrucho”, luego del “taurazo”, en épocas febrescorderistas. Recordemos que hace algunas décadas el “vice” era el titular nato de la función Legislativa, con figuras como Abel Gilbert Pontón o Francisco Illingworth Icaza, quienes tuvieron un aceptable desempeño dirigiendo las sesiones de lo que entonces tenía el nombre de Congreso (con dos cámaras), ya que como Asamblea se conocía al poder Legislativo cuando este se tenía que hacer cargo de derogar o hacerle remiendos a la Constitución, la cual quedaba siempre inservible luego de algún golpe de Estado.

Ciertos vicepresidentes, como ya lo anotamos, tuvieron la suerte de llegar al principal sillón de Carondelet por el fallecimiento del primer mandatario, como ocurrió con Osvaldo Hurtado tras el accidente aéreo que segó la vida de Jaime Roldós. Y otros alcanzaron el mando por la caída de gobernantes que afrontaron graves situaciones en su contra (Velasco, Mahuad, Gutiérrez, etc.), y hasta los que precisaron de una maniobra política para ocupar el sillón que le debía ser ajeno, como ocurrió tras haber declarado la legislatura “falto de juicio” a Abdalá. Luego de haberlo enviado a Panamá, con un exilio de dos décadas, la vicepresidenta Rosalía solo se encargó del poder por uno o dos días y ‘Cinturita’ Fabián Alarcón se hizo con la banda presidencial. Carlos Julio pasó de la cárcel (a la que llegó por razones políticas) al sillón de Carondelet.

Este uso de nuestra memoria, a veces de hormiga, viene al caso con lo que acaba de ocurrir con la renuncia de doña María Alejandra Vicuña a una vicepresidencia a la que llegó no por haber sido binomio de Lenín sino por el problema judicial que le cayó encima al elegido para ese cargo, Jorge Glas, quien cumple ahora una sentencia de cárcel por seis años.