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Decenas de turistas en Praga esperan con ansias cualquier cambio de hora por una razón muy sencilla: el reloj astronómico cobra vida. Suenan las campanadas y las figuras de los apóstoles saludan a la ciudad. Pero si hay algo realmente particular es “quién” anuncia que una hora más ha pasado: la pequeña figura de un esqueleto, la muerte. Desde el siglo XIII a los checos constantemente les han recordado que les queda una hora menos de vida. Praga es una ciudad que encanta por dos razones principalmente: su historia y su simbolismo, que al final del día se fusionan en su identidad. “Kde domov muj?”, himno nacional de la República Checa. Para nosotros “¿Dónde está mi hogar?” Este himno, esta frase, sirvió de profecía. En 1938, Hitler anexó Checoslovaquia al Tercer Reich. Empezó la ocupación y el extermino de su población, con el beneplácito del Reino Unido y Francia. ¿Dónde está mi hogar? Sin embargo el 8 de mayo, a pesar de la promesa alemana de “ahogar en un mar de sangre” a los checos que se sublevaran, la resistencia logró persuadir a sus invasores de retirarse antes de que llegara el Ejército Rojo y rendirse ante los americanos (que seguro los tratarían mejor). Fueron libres una noche, para enterarse la mañana siguiente que habían sido entregados como parte del botín a los soviéticos. La tiranía de Stalin se extendería hacia sus territorios. Dominados una vez más. Obligados a abrazar una ideología. A convertirse en algo que no eran. ¿Dónde está mi hogar?, no dejarían de preguntarse dos generaciones. Pero lo importante no es ver las cenizas sino lo que construyeron en su lugar. Donde hubo muerte por bombardeos nazis, ahora hay árboles. Donde alguna vez estuvo la estatua de Stalin, ahora hay un medidor del tiempo que les recuerda día a día que ellos son los dueños de su destino. Para entender a una ciudad es importante saber cuáles son sus ídolos. Ellos veneran la lucha por la independencia, por su libertad. Y cada calle, cada muro (como el de John Lennon, un desafío al control de la policía comunista) es un homenaje a que “aquí está su hogar”. Praga encanta por tres razones: su historia, su simbolismo y su ejemplo.