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Una politica internacional incomprensible

Votaciones. El presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro.

En la sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, por vigésima séptima ocasión, la gran mayoría de los Estados miembros, con dos votos en contra, condenó a Estados Unidos por el embargo a Cuba. Sin embargo, Cuba puede negociar libremente con todos los Estados que votaron a favor de que se suprima el embargo. El problema es que Cuba no tiene casi que negociar. Prácticamente envía médicos a zonas rurales y fuerzas especiales para sostener a los países cuyos gobiernos tienen problemas para mantenerse como, por ejemplo, Venezuela y Nicaragua.

Putin vende armas a Cuba. Mientras tanto, el nuevo presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, visita a su homólogo Vladímir Putin en Rusia y compra varios millones de dólares en armas. ¿Quién quiere atacarlos? Recordemos que Rusia se ha convertido en el segundo fabricante de armas del mundo y debido a las sanciones que le impuso la Unión Europea, por los problemas que tuvo al apoderarse de Crimea y atacar a Ucrania, tuvo que recurrir al negocio de las armas porque fueron suspendidas las ventas de gas, que era uno de sus mayores ingresos.

El vil asesinato de un periodista. Por otra parte, en el Medio Oriente la política internacional se complica. Arabia Saudita, uno de los mayores aliados de Estados Unidos, recibe un fuerte rechazo por el asesinato de uno de los más importantes periodistas del New York Times, de nacionalidad saudita, al ingresar a la embajada de su país en Turquía. Salió en pedazos. Culpan al heredero del trono saudí por el crimen, debido a que el periodista era un fuerte opositor al Gobierno de su país.

Hambre en Yemen. En Yemen, la escasez de alimentos, por el embargo que le han puesto sus vecinos, se está convirtiendo en una de las más graves crisis humanitarias que recuerde la historia. La ayuda en alimentos que proviene de ciertos Estados y de las ONG no puede ser desembarcada por el embargo. Las cifras son abrumadoras. El número de personas que precisan ayuda humanitaria creció hasta los 22,2 millones de yemeníes y casi ocho millones y medio padecen por una grave falta de alimentos.

Buena elección en Brasil. En Brasil, el elegido presidente Jair Bolsonaro se prepara para rescatar a su nación de la corrupción y la delincuencia y a implantar las reglas del libre comercio. Por lo pronto, anunció que propondría cambios en Mercosur, que se necesitan para que cumpla con la misión para la que fue creado. Pocas veces hemos leído críticas y acusaciones tan fuertes como las que le han hecho, antes de asumir la presidencia. Vale la pena citar las expresiones de muchos de sus partidarios: “Lo que queremos es que no robe”. Cuántas veces escuchamos en campañas electorales: “Que robe, pero que haga obras”. Los brasileños, cansados de trece años del Gobierno del Partido de los Trabajadores, que casi se lleva el santo y la limosna, votaron por Bolsonaro seguros de que era el hombre honrado que necesita el país para volver a convertirse en una potencia mundial, como lo fue en la primera administración de Lula da Silva, que fue bien llevada pero, luego de querer prorrogar la administración del Partido de los Trabajadores, terminaron con su sucesora fuera de la presidencia y el mismo Lula en la cárcel, no solo por recibir un apartamento como coima, sino por haber estado involucrado en la gran cantidad de contratos que consiguió la poderosa empresa Odebrecht, en Brasil y otros países, regando dinero para ganar todas las licitaciones en que intervenía, y muchos contratos a dedo. El triunfo de Bolsonaro fue una derrota del comunismo, ya que este partido con mucha habilidad se tilda de izquierdista, pues la palabra comunista suena a Stalin y a los miles de millones que murieron en la URSS, al imponer su fracasada teoría marxista-leninista.

Se impuso el presidente Sirio. Dejemos a un lado a Venezuela y Nicaragua, que son casos perdidos. El presidente sirio, con la ayuda de Rusia, ha logrado ganar una batalla para mantenerse en el poder, a costa de tener que reconstruir un país, aunque todavía los yihadistas tienen alguna parte de su territorio. El problema será: ¿quién va a ayudar a reconstruirlo? Para nuestro criterio, Siria fue un buen mercado para Rusia, que pudo probar sus nuevas armas y venderlas a buen precio, pero podrá también dar su ayuda para que vuelva a ser Siria el país importante que siempre fue.