Politica clientelar
El Ecuador mantiene en materia política un recurrente manejo clientelar. El actual presidente también ha optado por privilegiar la entrega de recursos públicos en actitud dadivosa que agrada a beneficiarios o a quienes ignoran que ese dinero lo aportan vía tributos o proviene de explotar recursos naturales que pertenecen a todos. Esta promoción incluye créditos que otorgan entidades financieras públicas, como Banco del Estado, BanEcuador, Corporación Financiera, y se extiende a promover beneficios que otorga el IESS.
Esa forma de ejercer el poder pensando en apoyos al Gobierno o en futuras elecciones, degenera en un populismo que atenta contra una lógica de pedagogía ciudadana: “regálame un pez y comeré un día, enséñame a pescar y comeré toda la vida”. Priorizar esta actitud posterga definir un modelo de gestión estatal, disminuir la pobreza, desregularizar trámites administrativos, enfrentar la falta de crecimiento económico y el alto desempleo, dinamizar la gestión gubernamental a través de una descentralización administrativa y desconcentración del poder, coordinar con organismos seccionales la prestación de servicios públicos básicos como agua, luz, telecomunicaciones, educación, salud, seguridad, programas de vivienda, riego, vías de comunicación, que lleguen a toda la población, estimular la inversión extranjera y mejorar la inversión pública para favorecer el empleo, fomentar exportaciones que sostengan la dolarización, volver real la “soberanía alimentaria”, establecer una responsable explotación de recursos naturales, apoyar la investigación científica, tecnológica y la innovación; en fin, qué hacer en planificación familiar, nutrición, en transparencia en el uso de recursos, que son ejes transversales de una gestión de gobierno.
El Gobierno debe informar al país lo que está haciendo, es su derecho y su deber. Lo que no puede es reducir su gestión a ser tramitador, vocero o mensajero de entrega de dineros públicos; su obligación es administrarlos correcta y eficientemente. Optar por soluciones circunstanciales a problemas estructurales solo consigue incrementar la crisis.