Podremos acabar con la corrupcion

La pérdida de la fe y de la confianza por parte de los pueblos para con sus gobernantes, en la mayoría de los casos, y de manera especial en América Latina, tiene su origen en su manifiesta corrupción, lo que origina, como es normal, el desprecio de los gobernados y las ansias inminentes de buscar una salida compatible con la honestidad de las grandes mayorías.

La presidenta Dilma Rousseff de Brasil se encuentra frente a una inminente salida del poder mediante procedimientos constitucionales, debido a que contra ella existen cargos por malos manejos económicos que demuestran, según quienes piden su destitución, una verdadera etapa de corrupción.

En Argentina, tras salir del poder Cristina Kirchner, enfrenta actualmente varios juicios por corrupción, en donde aparece un verdadero entramado de agentes oficiosos allegados a ella y a su marido, que convirtieron a su Gobierno en una auténtica máquina de hacer dinero ilegalmente. La justicia se encargará de determinar sus culpabilidades; pero no obstante, los pueblos que son sensibles e intuitivos saben que es cierta dicha corrupción.

Estos dos ejemplos, aparte de muchos más que hay en América Latina, permiten pensar que la corrupción a gran escala de un régimen no puede ser combatida desde la división, sino desde la unión del pueblo.

José Mujica, expresidente de Uruguay, lanzó esta frase: “Quien desee enriquecerse, por favor, no entre en política”. ¡Qué frase más aleccionadora!

Hay que acudir al pensamiento de hombres públicos cuya trayectoria es impoluta para repetir con ellos: “Cuando se repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en autosacrificio, entonces podrá afirmarse, sin temor a equivocarse, que la sociedad está condenada”.

Estas reflexiones profundas deben servir para comprender que la lucha contra la corrupción no se arregla con leyes ni con omisiones que luchen contra ella, sino con la decisión inquebrantable de los pueblos para no llevar al poder a quienes al llegar a él se corrompen y liquidan las esperanzas populares.

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