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Nones. Lucio Gutiérrez se hace de rogar. Amy Gende y Ana Galarza le piden el voto para la tercera vocalía.Angelo Chamba

El Pleno del hornado solidario

Eckenner Recalde es la máxima autoridad del oficialismo en la Asamblea.  Lo demás ocurrió según estaba previsto, incluso el aislamiento de Construye.

Aún quedaba espacio para la sorpresa en una jornada inaugural cuyo guion estaba perfectamente establecido de antemano. Y la sorpresa la aportó el Gobierno. A esas alturas de la sesión, el socialcristiano Henry Kronfle ya había sido electo presidente con la mayor votación de la que se tenga memoria (gracias al apoyo de la bancada de Construye): 128 asambleístas; la correísta Viviana Veloz fue designada primera vicepresidenta, como estaba escrito; y dado que la alianza iba funcionando como un reloj, no quedaban dudas de que los partidos de Correa, Nebot y Noboa se alzarían con dos puestos cada uno en el Consejo de Administración Legislativa (CAL). Para llegar a ese punto nomás faltaba que la bancada de ADN postulara a su candidato a la segunda vicepresidencia que, según los términos del acuerdo, sería elegido sin chistar. Fue entonces, en esa tercera postulación, cuando se produjo la noticia bomba.

Pidió la palabra la asambleísta María Fernanda Araujo, de la bancada de gobierno, el bloque que no admitirá la impunidad de ningún tipo, según dicen y repiten sus voceros. Que para la segunda presidencia tenía al hombre ideal, dijo: un compañero resiliente, experimentado, con visión a largo plazo. Hizo votos para emprender de una vez por todas “el camino de recuperación de credibilidad de la Asamblea Nacional” y disparó el nombre sin enrojecerse: Eckenner Recalde. En el hemiciclo legislativo, donde se han visto cosas peores, nadie movió un músculo de la cara; en el cubículo destinado a los periodistas hubo ataques de tos y ahogamientos. Se votó la moción y el postulado obtuvo 130 votos (¡dos más que el presidente!). Hasta la bancada de Construye en pleno apoyó la elección del candidato de ADN.

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Un pacto secreto, como siempre

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Eckenner Recalde: asambleísta expulsado de la Izquierda Democrática en la legislatura pasada por cobrar diezmos a los trabajadores de su despacho. Salvado de la destitución por Luisa González, en ese entonces presidenta del Comité de Ética, quien lo defendió con vehemencia. Reclutado por el correísmo, con cuya bancada votó disciplinadamente de ahí en adelante. Sin embargo, nadie tenía dudas de su culpabilidad porque, ante la contundencia de las pruebas (audios, testimonios, registros que revelaban que operaba a través de su cuñada) él mismo terminó por admitirlo: sí, dijo, cobraba dinero a sus empleados, pero lo hacía para organizar “hornados solidarios”. Hoy es la máxima autoridad de la bancada de gobierno de Daniel Noboa en la Asamblea Nacional. ¿Se vienen tiempos de chanchocracia?

Mientras tanto, y pese a sus muestras de buena voluntad (apoyar a Henry Kronfle para la presidencia y a Eckenner Recalde para la vicepresidencia, a quien Fernando Villavicencio habría cuestionado con furia), la bancada de Construye se quedó tan aislada como estaba previsto. No, tan aislada no: más. Fue excluida hasta del CAL, órgano administrativo del que forman parte, se supone, todas las bancadas representadas en el Pleno. En este caso, las bancadas son cuatro: correísmo (hoy autodenominado “bancada ciudadana”), socialcristianismo, gobiernismo y Construye. La jornada empezó con insistentes rumores sobre la conformación de una quinta bancada: esfuerzo correísta por juntar independientes de distintas procedencias en un bloque unificado que pudiera arrebatar a Construye el lugar al que tiene derecho en el CAL.

Aunque no lo lograron, no se resignaron los correístas a ceder ese espacio de representación al partido de su archienemigo Fernando Villavicencio. Y cuando Ana Galarza, de vuelta a una Asamblea de la que fue expulsada por chanchullos de los que sigue declarándose inocente, propuso a Amy Gende para ocupar un puesto en el CAL a nombre de ese partido, el correísmo votó que no. De nada les sirvió a Gende y Galarza su peregrinaje entre los escaños para mendigar un voto: 18 abstenciones (de Pachakutik, Gente Buena y varios independientes) fueron decisivos en el resultado: la tercera vocalía quedó vacante y se resolverá el domingo, en la continuación de esta sesión. Es probable que se la den a un disidente de Construye, con lo cual cumplirán formalmente con los requisitos.

Por lo demás, esta sesión sirvió para confirmar lo ya sabido: que la alianza parlamentaria entre Correa, Nebot y Noboa carece de un proyecto legislativo común (o de uno que sea confesable). De los discursos de Henry Kronfle, Viviana Veloz y Eckenner Recalde se desprende, a lo sumo, que hay que construir una; que están “abiertos a discutir”.

El resto fue el inquietante espectáculo que ofrece una multitud de asambleístas de ambos sexos (personas adultas, hechas y derechas, se supone) componiendo poses de adolescentes mutantes para sacarse el selfi en la flamante curul. La correísta Ana María Raffo se dedicó a sí misma una docena larga de esas tomas, ensayando un gesto nuevo para cada una de ellas. Una lección de madurez que el país agradece.

Un voto de confianza

El presidente electo, Daniel Noboa, está contento y saludó la actuación de la mayoría legislativa en su primera sesión. A través de su cuenta de X (antes Twitter) dijo confiar en que el nuevo titular del Legislativo, Henry Kronfle, “sabrá dirigir, mandar y acatar las normas constitucionales en beneficio de los ecuatorianos”.

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