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Plaza Mayor de Guayaquil
Es indudable que en estas últimas décadas los proyectos de regeneración urbana puestos en marcha le han dado a Guayaquil el verdadero aspecto de ciudad metropolitana, con una modernidad a la que tiene derecho por ser la urbe más poblada del país, por su actividad comercial como puerto principal y por su envidiable situación geográfica, tomando también en consideración sus valores en la cultura y en el deporte, campos en los que ha destacado desde siempre.
Sin embargo de que en lo urbanístico La Perla ha tenido un gran desarrollo, con obras magníficas que, como la de sus malecones, le dan un gran realce, de acuerdo al doctor Bernardo Morán Ramírez, guayaquileño de cepa y destacado galeno que antes de su retiro cumplió una importante faena profesional que lo llevó al campo de la investigación científica, llegando a ser director del hospital del IESS, a la ciudad le falta, para completar su realidad urbana, una “plaza mayor” que deberá ser construida con sentido práctico y futurista en los terrenos en los cuales se extenderá la urbe. Y deberá estar concluida con motivo de la celebración del bicentenario libertario de la urbe, en el 2020.
El doctor Morán ha enviado su proyecto al alcalde Nebot y señala que esta plaza se representará con un gran círculo, con un diámetro mínimo de 300 metros, lo cual la convertiría en más extensa que el Zócalo de la Ciudad de México. Y de acuerdo a tal proyecto, sería la plaza más hermosa e impresionante de Iberoamérica, con una Estrella de Guayaquil en el centro.
Propone Morán que se la bautice como la Plaza Olmedo y que allí estén ubicadas cuatro edificaciones: la Casa Olmedo, con una glorieta que rinda homenaje a los fundadores hispánicos; la Plazoleta de los Héroes, la concatedral y la Casa de las Artes. Cercando la plaza y separándola de las casas y glorietas mencionadas, habría cuatro avenidas arboladas llamadas Rondas: la Ronda de Guayaquile, la del Cardenal, la del Mariscal Sucre y la de la Cultura. Se erigiría también el parque, que llevaría por nombre Paseo de los Próceres. Un proyecto ambicioso, no cabe duda, sobre el cual el Municipio tiene la última palabra.
Se hace un llamado al patriotismo porteño para su financiamiento.