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Muchas personas acuden para darse un baño y mejorar el problema de salud. Yadira Illescas

Una piscina termal en medio de una montaña

El ojo de agua brotó en la loma hace más de 200 años. Hasta allí acuden las personas para curarse los quebrantos de salud

Bertha Tigse llegó por curiosidad. Desde hace un año le habían comentado que en medio del páramo, una comunidad impulsaba el turismo con una piscina de agua termal. Salió desde Ambato y después de dos horas de recorrido llegó hasta la comunidad de Juive Yanahurco del cantón Pujilí en Cotopaxi.

Aseguró que se quedó impresionada por el paisaje que rodea a la piscina de agua termal en este rincón de Cotopaxi. “Nuestro país y la zona centro tienen mucho potencial en el turismo, solo que no nos atrevemos a explorar”, dijo Bertha.

Descendió hasta Cerro Negro, que es el nombre en español de Aluchán. El recorrido es agitado, pero el cuerpo recibe la recompensa en las aguas termales. El sitio impresiona, no por su estructura, sino por la belleza natural que la rodea.

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En medio de dos grandes montañas está la piscina cuya agua hierve en medio del páramo. Al sitio llegan personas de diferentes partes del país, afirman sus administradores.

Susana Tucumbi mencionó que se cobra el ingreso para el mantenimiento que es de 1 hasta 2 dólares, cuyos recursos se distribuyen también para beneficio de la comunidad. Tucumbi aseguró que las aguas son medicinales.

Los visitantes han llegado con migrañas, estrés, reumas, dolor de espalda, problema de ciática y otras dolencias, y al zambullirse en la piscina del agua termal han asegurado curarse, dijo.

Gladys Borja, conocedora de la medicina ancestral, explicó que la Organización Mundial de la Salud reconoce desde 1986 como terapia médica el uso de aguas termales.

“El agua termal proviene del interior de la tierra, lo que le aporta un alto contenido mineral y un incremento de la temperatura. Es por ello que esta agua tiene características tan especiales y con contenidos altos de minerales”, manifestó.

Fausto Cusco Tucumbe, promotor turístico de Juive Yanahurco, contó que el ojo de agua brotó de en medio de la montaña rocosa y hace más de 200 años salía a borbotones.

Añadió, que en ese entonces los habitantes temían acercarse porque era caliente y pensaban que se trataba de algún flujo del volcán o alguna maldición de los dioses. En 1996 con el sismo ocurrido en Cotopaxi, cuyo epicentro fue en Pastocalle, se cerró el afluente y las personas dejaron de recorrer el lugar.

“Pero la Madre Tierra es sabia y fue ella misma que nuevamente abrió el afluente del agua termal. Aunque en esta ocasión se formó como un conducto que desembocaba en una especie de pozo construido con rocas”, contó el promotor.

Cusco manifestó que apenas descubrieron el brote de donde salía el agua caliente se unieron en mingas e hicieron una piscina más grande y la utilizaron al principio solo para la comunidad y desde hace unos 20 años la abrieron al público.

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En el paradero Rudiopungo, cuya estructura es a base de caña y paja sigse, ofrecen las habas, mellocos y papas acompañados de queso. Mencionó que cada uno de los productos también tiene sus propiedades medicinales desde la época ancestral.

Alejandro Pallo, habitante de Juigua Yacubamba, situado a más de una hora de las aguas curativas, aseguró que las recomienda porque sí dan alivio al cuerpo cansado y agobiado por el estrés de las actividades diarias.

Esta comunidad en Pujilí, Cotopaxi, a más de aprovechar los beneficios de la terma, también lo complementa para atraer al turista y que haga un turismo medicinal completo, donde también se incluye la gastronomía libre de químicos. La zona es ganadera y agrícola. Fausto Cusco mencionó que como el turista acude a sanar las dolencias del cuerpo, les ofrecen comida saludable que es cultivada en la zona. Esperan que los visitantes sigan arribando al lugar.