La piña: Un negocio que va de caída

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La piña: Un negocio que va de caída

Los altos costos de los insumos amenazan la promesa de bonanza que alguna vez tuvo el cultivo. La falta de circulante y las deudas son otros problemas

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La piña que se cultiva en la provincia del Guayas es para el consumo interno.EXPRESO

Recorrer la vía Naranjito- Bucay, en la provincia del Guayas, es tener la oportunidad de encontrarse con un clima templado y paisajes hermosos, donde los cultivos de piñas son uno de los principales atractivos. Delgadas hojas verdes y sus frutos destacan a lo largo del carretero dejando una impresión de productividad, que en nada se parece al ocaso por el que, según cuentan sus agricultores, estaría atravesando esta actividad. Los altos costos para producir amenazan la promesa de bonanza que algún día se proyectó para este cultivo tropical.

En los recintos Nueva Unión, Primavera, El Rosario, San Francisco, Chagüe y Barraganetal existen piñales que, en comparación a otros sembríos, se muestran no tan extensos. Un panorama muy distinto al que Jenny Ñamiña vio años atrás, cuando se animó a entrar a este negocio.

Con 34 años de edad ha dedicado gran parte de su vida a trabajar en el cultivo de piña nacional. Primero lo hizo como empleada pero, con el pasar del tiempo, aprendió todo lo necesario para convertirse en productora y tener su propio sembrío. Todo empezó hace cuatro años cuando vio que el negocio de la piña era redituable, fue ahí cuando decidió independizarse junto a su esposo José Camas, sin imaginar que la bonanza duraría poco tiempo y que después se enfrentarían a una dura realidad. El alto costo que se debe pagar por los insumos impide que ella y otros agricultores de la zona puedan seguir sosteniendo el modelo de negocio que montó en un inicio.

Al no contar con predios propios, Jenny debe alquilar uno para poder cultivar el producto. En su caso, tiene un contrato por dos años. Lo que le representa una inversión de hasta 1.600 dólares. Ahí pueden sembrar unas 22.000 o 23.000 plantas, pero solo se llegan a cosechar 20.000. Es un cultivo que requiere de mucho cuidado. “Hay que trabajar todos los días para limpiar la maleza, estar pendientes del abono y los líquidos que ayudan a proteger la planta de las plagas y cuidar las raíces, sino muchas se pierden durante el proceso”, expresó la agricultora.

No obstante, la cosecha que hace una vez por año ya no cubre todos los costos. Esto porque el precio de la urea y los químicos que emplea cada vez están más caros. Cuando inició, menciona, programas gubernamentales le permitían acceder a urea gratuita o mucho más barata. “Antes el costo de cada saco era de 20 dólares, pero hoy en día está en 35 dólares. Este sector ha dejado de recibir ayuda, algo que sí siguen recibiendo camaroneros y ganaderos”, señala.

Ya cuando la piña está lista para la cosecha, empieza la parte más importante: su comercialización. En estas zonas se explica que para poder vender el producto hay dos alternativas: la primera es cuando son visitados por compradores que generalmente llegan desde la Sierra; la segunda es llevarla a los mercados por sus propios medios.

La menos conveniente, y una de las más recurrentes en estos últimos años, es la primera opción. Compradores llegan a estas zonas para cerrar contratos que les permitan adueñarse de extensas cuadras, por las que pagan $ 0,40 solo por las piñas grandes. El resto, si hubiere más pequeñas, eso no cuenta. “Y así, se llevan las chicas y las grandes, se llevan todo, pero sin reconocer lo que es”, dice otro agricultor.

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Con la segunda alternativa, los productores de piña llevan la fruta hasta los diferentes mercados mayoristas y la venden hasta en $12 por docena. Si la piña es más pequeña, va bajando hasta unos $ 6. “Pero hay de todo, nos ha tocado compradores que quieren pagar $ 0,20 por piña, la más grande y ahí salimos a pérdida”, indica Jenny, agregando que hace unos cuatro años, cuando el negocio era rentable, a una cuadra le podían sacar hasta diez mil dólares.

La realidad por la que atraviesan los productores no es tan distinta a la que viven los comerciantes mayoristas. En Milagro existe una Asociación de Comerciantes Mayoristas de Piña que cuenta con 28 socios. Su secretario general, Washington Barzola, da fe de lo mal pagado que es este fruto. Ellos adquieren hasta en 13 dólares la docena de piña grande a sus proveedores, pero apenas logran sacarle un dólar de ganancia. “Aunque se vende todo el producto, no se le puede sacar más plata”, mencionó.

La pandemia llegó a agravarlo todo. Como en todos los negocios, hizo que su capital se vea afectado, obligándolo a optar por créditos bancarios, que en escasez, llegan a ser impagables. “Muchos de nosotros, por tratar de vender el producto, nos toca fiar a nuestros clientes. Pero muchos de ellos no nos pagan. A mí me deben tres mil dólares y cobrar es un problema”, añadió.

LA VENTA EXTERNA SE ESTANCA. El año pasado, el país llegó a desembolsarse $ 41 millones en exportación de piña, igual cantidad de ingresos a lo registrado en el 2018, esto pese a que el volumen enviado alcanzó las 84.000 toneladas, 3.000 más que en aquella época. Una situación que demuestra una demanda estancada y con baja paga a nivel internacional.

Según las estadísticas del Ministerio de Industrias y Comercio Exterior, la realidad este año no ha sido tan diferente, pues hasta agosto de 2021, los envíos reflejan apenas un monto de $ 31 millones.

El país exporta piñas de las variedades hawaiana y MD2 (también conocida como Golden Sweet). El año pasado, según la cartera de Estado, los principales destinos de la fruta fueron Chile, Países Bajos, Bélgica, Alemania, EE.UU., que juntos llegaron a captar el 77,2 2% de las ventas externas.

Si se analizan los mercados como bloque, señala el Ministerio, los países de la Unión Europea llegaron a adquirir el 41,86 % de la oferta exportable. Un resultado que habla del enorme potencial que, en términos de comercialización, el país aún sigue teniendo para seguir colocando más fruta en ese nicho.