El perdon

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El perdon

Era el 33 en Jerusalén, la misma ciudad donde David hizo su templo con el candelabro de 7 brazos, la misma donde Mahoma galopó a los cielos, y donde pasaron muchos hechos más. Eran las fiestas judías de pascua. La ciudad de veinte mil habitantes recibía a tres millones de peregrinos. Judea era un protectorado - “campo vencido”- de la Roma Imperial. Estaba sometida a su administración, la justicia la impartían las autoridades locales. El procurador actuaba de forma supletoria y cuando el pueblo lo solicitaba. El emperador de Roma era Tiberio César, de quien dice Jesús en algún momento: “Lo del César es para el César”, para diferenciar el poder terrenal del divino. El procurador de Judea y autoridad judicial era Poncio Pilatos. El tetrarca de Galilea era Herodes Antipas, símil de gobernador. El Pontificado judío lo tenían Anás y Caifás. Para terminar de entender el escenario, el Sanedrín era la autoridad local compuesta por el Sumo Sacerdote, los Escribas y los Doctores en la Ley.

Es claro entender por qué luego de detener a Jesús en Getsemaní, gracias a la traición de Judas, es llevado donde Anás, donde Caifás, y luego ante el pleno del Sanedrín. Hasta allí el proceso judío y se inicia el proceso romano. Jesús es entregado a Pilatos, pues a su cargo estaba el lugar de detención. Y Pilatos decide enviarlo ante Herodes Antipas, responsable del lugar de nacimiento del Nazareno. Este se inhibe del proceso y lo devuelve a Pilatos, quien ordena su flagelación. Así y sin saber cómo proceder, Pilatos ordena que Jesús sea llevado a la plaza, frente a un pueblo enardecido por las fiestas, con tres millones de peregrinos sofocados por la situación política y social. Pregunta entonces a ese pueblo si lo libera a Él o a Barrabás. El mismo pueblo del Domingo de Ramos tuvo un solo grito de: “Crucifíquenlo, crucifíquenlo”.

A su muerte, nace su perdón a todos quienes lo denostaron y nos da como herencia ese perdón, en el cual se funda nuestra religión, un férreo mandato que respeta el libre albedrío, y que cada cual puede aceptar o despreciar. ¿Ya te perdonaste a ti mismo y a tus semejantes? Hoy es Viernes Santo.

´El mismo pueblo del Domingo de Ramos tuvo un solo grito de” Crucifíquenlo, crucifíquenlo’