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La paz “nos costo sangre y lagrimas”

Una pequeña paloma tatuada en su muñeca izquierda le recuerda a María Clemencia Rodríguez su deber por la paz de Colombia, la misma que le valió el Premio Nobel a su marido, el presidente Juan Manuel Santos.

Dependencias. María Clemencia Rodríguez en su despacho, en la Casa de Nariño, el miércoles en Bogotá.

Una pequeña paloma tatuada en su muñeca izquierda le recuerda a María Clemencia Rodríguez su deber por la paz de Colombia, la misma que le valió el Premio Nobel a su marido, el presidente Juan Manuel Santos.

Él “nos lo advirtió desde el principio, a mis hijos y a mí: ‘Esto nos va a costar sangre y lágrimas’. Y así ha sido”, dice ‘Tutina’, como todos la conocen, con las maletas listas para partir a Oslo, donde Santos recibirá mañana el Nobel de la Paz por sus esfuerzos por terminar un conflicto armado de más de medio siglo.

“Pero ha valido la pena y estoy segura de que (...) la historia lo va a reconocer”, agrega esta mujer alta y elegante, que lleva 33 de sus 56 años junto a Santos. Para ella, que lo acompañó en las “angustias, tristezas, dolor” que ha supuesto el proceso de paz con las marxistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Nobel premia una dedicación “durante la vida entera”.

“Ese ha sido su compromiso: luchar por la paz”, afirma, “profundamente” gratificada por “un reconocimiento” al que también añade el “sacrificio” y apoyo de sus tres hijos: Martín, María Antonia y Esteban.

Como su familia, Rodríguez tiene claros los altos costos que ha implicado negociar la paz.

La baja popularidad del mandatario, que no llega al 30 %, “no es que me duela. Cuando un hombre se mete con cosas tan importantes como la paz de un país, eso es lo de menos”, apunta en su despacho donde destacan las fotos familiares y artesanías colombianas que tanto le gusta promover.

‘Tutina’ estaba en la finca familiar en Anapoima, a unos 90 km de Bogotá, la madrugada del 7 de octubre, en que la despertaron con la noticia que su marido había ganado el Nobel.

Cinco días antes, los colombianos habían rechazado en las urnas el pacto de paz sellado con las FARC, luego de casi cuatro años de diálogos en Cuba, un revés para Santos tras el cual el gobierno renegoció el acuerdo con la guerrilla.

“Indudablemente el 2 de octubre fue un día inmensamente triste. Sin explicación”, cuenta sobre su decisión de irse a la finca a llenarse de fuerza.

La noticia del Nobel la reconfortó, ‘Tutina’ lucía radiante junto al presidente. Muy diferente era su rostro el 15 de noviembre, cuando Santos anunció que viajaba a EE. UU. a realizarse exámenes médicos de urgencia luego de resultados anormales en controles por el cáncer de próstata del que fue operado en 2012.

“Ha habido momentos muy difíciles, el más duro el tema de la salud, eso no se compara con absolutamente nada”, señala entre lágrimas, al relatar cuánto ha pedido a la Virgen Milagrosa por la recuperación de su marido, sometido a medicación. “Estoy muy optimista. El médico se lo dijo: ‘Tendremos Premio Nobel por muchos, muchos años’. Y que así sea”, añade, más tranquila luego de que el propio Santos descartara públicamente tener metástasis o un nuevo tumor.

Amante de la familia y de los niños, ‘Tutina’ ansía nietos y tiempo para “disfrutar” a su marido. Se siente agradecida por la “oportunidad” que ha sido su vida en el Palacio de Nariño. “Juan Manuel nunca me dijo que su vida era para ser presidente, sino para ser un servidor. Eso nos trajo acá. Y yo sencillamente he sido su compañera de vida, su coequipera”.