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Diario Expreso Ecuador

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Pan y circo

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Así se expresaba el poeta romano Juvenal en su Sátira X, al referirse que al pueblo había que mantenerlo distraído de los sucesos políticos de importancia. Esta máxima sigue vigente en la práctica política, sobre todo en los regímenes populistas fascistas de propaganda, como los que hemos tenido en los últimos años.

Después de 10 años en que cada semana un escándalo nuevo nos marcaba el tema de discusión, dicha cotidianidad logró que nos olvidemos de investigarlos, juzgarlos e intentar recuperar lo robado. Pareciera que el ‘loco del ático’ y su infraestructura propagandística siguen marcando la agenda de los temas a discutir, exacerbando odios, reunificando lo que en su momento denominó “el proyecto social”, término que ha sido tomado por Pachakutik, convertido en la segunda fuerza política y por Democracia Sí, que aspira explotar su condición de “nueva alternativa”, con discurso moderado, pero viejas prácticas izquierdistas y actores políticos, años atrás cuestionados por sus nexos con grupos subversivos, esos que con el “billete” del narcolavado captan el poder con gobiernos que convierten a su pueblo en narcoestados.

Seguimos con el circo del ataque cibernético, esperando el siguiente capítulo de la telenovela “ellos también son corruptos”, sin que recuperemos ni un solo centavo de los cientos de miles de millones que aún continúan encaletados, al más puro estilo de “los patrones” del narcotráfico, porque al fin y al cabo fuimos gobernados por “un cartel delincuencial”, como manifestó el presidente Moreno, luego de que le pasaran la cuenta de la “mesa servida”.

Al Ecuador, la revolución ciudadana lo convirtió en narcoestado, donde se transita, acopia, exporta droga y se blanquean dineros. Intacta está la corrupción en el Ecuador, donde los corruptos prepotentes de ayer hoy se declaran perseguidos políticos. Se victimizan cuando se les aplica su propia medicina y mientras tanto siguen con el dinero escondido, y el pueblo jodido pagando la cuenta de la fiestecita revolucionaria; pero bien distraído. Ya que no hay pan ni devolución, por lo menos hay circo.

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