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La obsesion de acumular victimas de lo inservible

Los expertos lo confirman. El hecho de ‘coleccionar’ latas, peluches, revistas, montones de periódicos, objetos inservibles o hasta pequeños electrodomésticos que se han estropeado y no se pueden reparar... nada tiene que ver con el Síndrome de Diógenes (centrado en la acumulación de basura y la falta de higiene), pese a que tienen relación.
Lo que aquí describimos es otra cosa. Hablamos del Síndrome de Acumulación Compulsiva, un desorden que afecta aproximadamente al 6 % de la población global y nace de la necesidad irrefrenable de adquirir objetos, guardarlos y jamás botarlos.
Según un estudio elaborado por el Hospital Universitario de Bellvitge, en Barcelona, y el Instituto de Psiquiatría de Londres, este trastorno es muy poco estudiado y se considera hasta ahora como un subtipo del Trastorno Obsesivo Compulsivo TOC. Afecta, en su mayoría, a los adultos, en especial a las mujeres. Y constituye un problema cuando el que lo sufre siente interferencias en su día a día, debido al desorden que existe en su hogar.
La situación es bastante compleja. Y es que quien lo padece, a decir de la psicóloga Leticia Ortega, especialista del Centro de Psicoterapia Bienestar, tiende a ocupar con sus cosas más de dos tercios del espacio habitable de una vivienda, concretamente entre un 70 % y un 74 %. De allí que no pueden realizar las tareas cotidianas (cocinar, limpiar...) con normalidad, por la falta de movilidad que existe en su hogar.
Pese a ello jamás se deshacen de nada, es su característica principal. “Se sienten responsables por los objetos que compran, les regalan o recogen en la calle. Los adquieren porque creen que van a tener necesidades mayores y no tendrán el dinero para enfrentar esa realidad. Consideran que serán útiles en algún momento de sus vidas y a veces, incluso, les otorgan un valor sentimental’’.
El porqué de su conducta no está del todo claro. Lo que al momento se sabe es que los acumuladores probablemente tienen algún rasgo del TOC. Una enfermedad que hace que las personas tengan pensamientos que no desean (obsesiones) y que repitan ciertos comportamientos (compulsiones) una y otra vez.
En Ecuador ya hay casos reportados. Claudia Gutiérrez, guayaquileña de 48 años, por ejemplo, actualmente recibe tratamiento médico para lidiar con su obsesión. Ella acumuló decenas de televisores y relojes -en su mayoría dañados- y cientos de cajas y fundas de plástico que adquiría en los centros comerciales o recolectaba en la calle. Su madre recurrió a buscar ayuda profesional, preocupada porque la casa parecía un mercado de pulgas. Era un lugar casi inhabitable: desordenado y falto de higiene.
“Las cosas estaban apiladas sin ton ni son en los pasillos, la sala, las habitaciones, el comedor. Y mi hija, como era de esperarse, empezó a enfermar: tenía salpullido y ronchas en la piel, a causa de la insalubridad. Constantes daños estomacales (había insectos por doquier) y sufría de angustia y ansiedad”, agrega Laura Morán, su mamá, al revelar que estos últimos síntomas los sentía, generalmente, cuando ella o alguien de la familia intentaba limpiar su vivienda sin su consentimiento
¿Qué hacer? La psicóloga clínica Nadia Soria, docente de la Universidad de Guayaquil, sugiere algunos tratamientos. La terapia cognitiva conductual, por ejemplo, puede incidir sobre la conducta y el pensamiento del individuo y mejorarlo de forma eficaz. “Le permite desprenderse de los objetos y enseña a tolerar el malestar que provoca tener que hacerlo”.
Unirse a un grupo de apoyo o buscar la ayuda de un instructor para ordenar y reducir la acumulación de objetos, así como evitar salir de casa y regresar con las manos llenas (de papeles, revistas, folletos...) asimismo, ayudará. “Eso es el primer paso; el segundo se centra en organizar por sí solo el espacio”.
¿Alguna pauta para lograrlo? La experta recomienda clasificar las posesiones en tres cajas según el valor que tengan: lo que nunca se use se eliminará. La práctica se la deberá repetir periódicamente, eso sí, “siempre teniendo en cuenta que habrá recaídas que, a conciencia, uno logrará superar”.