Actualidad
Un nuevo proyecto de nacion
Mi deber es advertirlo. La nación no está funcionando como tal. No se necesita ser un analista experto para así determinarlo. No funciona bien una buena parte de las universidades públicas y algunas privadas. Las escuelas y los colegios tampoco están haciendo lo suyo. Sin buena educación no hay futuro. Por eso, tal vez, nos dedicamos a elaborar cuentos que luego el imaginario nacional asume como realidades. Lo de que somos un país agrícola es uno de esos viejos cuentos. Somos un país de agricultores, con vocación agrícola y algunas ventajas competitivas, sí, pero agrícola propiamente dicho, no. Aquí llueve mucho y nos inundamos. Llueve poco y entramos en sequía. No somos un país agrícola. Confiamos en Dios. Igual ocurre con los precios de los productos: buena cosecha, caen los precios. Mala cosecha, importamos con altos costos. Y por lo demás, vivimos de los precios de sustentación, hacemos poco esfuerzo por incrementar la productividad y entramos en la Isla de la Fantasía con uno o dos ejemplos de buenas cosechas ocasionales, en plan de cultivo experimental altamente cuidado, con uso y abuso de riego y fertilizantes. Otros suelos, en cambio, los desnutrimos sin luego repararlos.
Tampoco somos una isla de paz. Aquí se mata y se asesina cada día. Y las cifras van ‘in crescendo’. Que así suceda es un diagnóstico muy grave, peor y más inquietante que señalar que el gobierno no está funcionando. Debe estar claro: la nación es más importante que el gobierno.
¿Por qué me atrevo a expresar que la nación está parada? Porque no es visible la gran cohesión nacional que antes se evidenciaba frente a cualquier escaramuza con el Perú. Ahora la Sub-20 apenas si nos hizo sentir ecuatorianos pero, por lo demás, lo evidente es un claro ‘cada cual tira para su lado’. Vivimos un sálvese quien pueda y lo que pasa con el país es asunto de interés de los que todavía se preocupan por la política.
Debemos, en estos diez años que nos restan hasta el bicentenario de la fundación de la República, elaborar un plan de futuro, expresamente rupturista, con el que las FF. AA. estén comprometidas.