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Una nueva revolucion mexicana
Observo con gran complacencia los recientes resultados electorales en México, país al que conozco relativamente bien, habiéndolo recorrido en toda su amplia geografía, tratando siempre de mantener actualizadas mis visiones sobre lo que allá sucede, en lo político, en lo social, en lo cultural y, en alguna medida, también en lo económico. Señalo lo anterior para que ustedes, queridos lectores, no piensen que improviso unos criterios sesgados por mi manera de entender la política, sobre lo que acaba de ocurrir.
El hecho cierto es que México no daba más. Tenía que buscar una salida y creo que la ha logrado. Bien se ha dicho que entre la indignación y el miedo triunfó la indignación y se impuso a todos los temores, reducidos a una frase: que México se vaya a convertir en una nueva Venezuela.
Creo honestamente que, por múltiples factores, eso no es posible. Lo ocurrido es una reacción patriótica frente a la ola de criminalidad desbocada, en el marco del tradicional asalto a los fondos públicos.
En efecto, López Obrador ha cosechado la indignación generada por la galopante corrupción, la creciente inseguridad, el auge y la influencia del narcotráfico en la vida nacional y hasta cierto malinchismo que en el carácter del mexicano común es inaceptable.
Al votar, planteó un cambio ordenado y luego ha reiterado la voluntad de actuar haciendo que predomine la razón. También ha ofrecido rescatar el campo, llevándole el progreso al que viene aspirando desde comienzos del siglo pasado.
Sé bien que los discursos ya no convencen a los escépticos crónicos, generados por las constantes frustraciones a las que venimos siendo sometidos pero, la magnitud del mandato otorgado a AMLO debería hacer reflexionar a los que ya no quieren creer en nada.
Un pueblo con la experiencia del mexicano no es fácil de caer en el engaño y ha votado por el cambio porque sentía su urgente necesidad.
Valga decir entre paréntesis, que otro candidato interesante era Meade pero, pagó el costo, necesariamente alto, de ser postulado por un PRI absolutamente desacreditado.
Ahora, toca esperar las primeras medidas.