
#NosFaltan3: En Quito recordaron a Javier Ortega, Paul Rivas y Efrain Segarra
La mañana de este 22 de marzo de 2019 se realizó la misa en conmemoración a la muerte de los tres compañeros de El Comercio que fueron asesinados. ¿Por qué hoy? Porque fue en este día, hace un año, cuando el equipo periodístico partió desde Quito hacia
Son los ‘mártires de la frontera’, dice el padre de la Iglesia de El Belén, centro de Quito. Son los ‘héroes de la verdad’, añade el sacerdote. Son los periodistas que hoy están haciendo un reportaje especial en el cielo... Y más. La mañana de este 22 de marzo de 2019 se realizó la misa en conmemoración a la muerte de los tres compañeros de El Comercio que fueron asesinados. ¿Por qué hoy? Porque fue en este día, hace un año, cuando el equipo periodístico partió desde Quito hacia Mataje, Esmeraldas, para realizar su trabajo.
En el altar, plasmados en un lienzo, los rostros de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra. De fondo, un cielo tan celeste que parece irreal. Unas nubes tan blancas que parecen trozos de queso mozzarella. Y unas manos tan perfectas que de ellas brota un brillante girasol. Frente al lienzo, las personas que escuchan al padre, quien continúa: “Hace un año fueron arrancados de este mundo cruelmente”.
El padre de Javier, Gonzalo Ortega, sentado en la tercera fila saca un pañuelo de su bolsillo trasero y seca las lágrimas. Trata de disimular. Y no lo logra. El sacerdorte insiste en recordar esos momentos de dolor: “Fueron injustamente arrancados de este mundo, como pétalos de flores de ese perfume espiritual”. Atrás la gente escucha y calla. Asiente con la cabeza cada una de las palabras que el cura pronuncia en esta ceremonia organizada por la Sociedad de Cronistas Gráficos, a la que pertenecía Paúl Rivas.
Luego, escuchan la palabra. Se dan la paz. Comulgan. Y Alfredo Lagla, presidente de la Sociedad de Cronistas, para concluir, recita unas frases que se hacen eco de la labor periodística en el país: “Buscaban la verdad y, a cambio, entregaron su vida”. Una frase dolorosa. “Ellos murieron por decir la verdad; murieron trabajando”, concluye Lagla desde el altar. Al final, entregan unos botones con las fotos de los tres y caminan hacia la exposición de su trabajo en la Casa de la Cultura.
Pero... ¿Y el dueño del cuadro?
Aparece Sigifredo Hidalgo. Un colombiano —cabello castaño, jeans y chompa de cuero— de 63 años. Levanta el lienzo, de unos 3 metros de altura, y recorre el pasillo de la iglesia. Coloca el cuadro afuera y cuenta: “Seis meses tardé en elaborar ese cuadro”. Dice orgulloso. Sobre todo, porque lo trajo desde San Rafael de Antioquia, Colombia, a Quito justamente para entregarlo como un homenaje a los “caídos”.
Detrás de ese artista hay una historia de dolor. “Yo he sido desplazado por la guerra”, señala. Y es por esta razón que el pintor decidió plasmar los rostros de Javier, Paúl y Efraín en ese lienzo frío, dándole el color de “paz y amor” que hoy profesa. Se siente identificado.
Llegó a Quito anteayer. Su viaje tardó 12 días. Vino caminando. Envolvió el lienzo y, de repente, cuando había la posibilidad, ‘jalaba’ dedo y se montaba en un auto. Si no, avanzaba a pie. Su objetivo: llegar a la capital para entregar el cuadro a los familiares. Y así lo hizo.