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Nicaragua pide un cambio de Gobierno

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Para nuestra opinión, puede haber sido un error que los Estados centroamericanos se hayan dividido en varios países. Exceptuando Costa Rica, los otros han vivido una historia bastante complicada en materia política.

En estos momentos Nicaragua pasa por una situación difícil porque su pareja de gobernantes quiere perpetuarse en el poder, siguiendo las consignas, ya fracasadas y elaboradas por Cuba, del Foro de Sao Paulo.

Algo de historia sobre Nicaragua. Si analizamos en forma muy sintética la historia de Nicaragua, nos vamos a encontrar con invasiones desde los Estados Unidos, tres largas dictaduras, intervenciones externas en su política y la culminación de un levantamiento popular que lleva casi cuatrocientas víctimas.

Su héroe Augusto Sandino fue un líder de la resistencia nicaragüense. Luego de librar a su país de la invasión norteamericana en la primera mitad del siglo XX, quiso mantenerse en el poder hasta que fue traicionado y asesinado por uno de sus colaboradores: Anastacio Somoza, a quien había nombrado jefe de la Guardia Nacional. Entonces comenzó una larga dictadura familiar.

Debo recordar, en mi experiencia diplomática, que en la OEA me encontré que su cuñado, Sacaza, estaba a cargo de las embajadas ante Estados Unidos, la OEA y las NN. UU., al mismo tiempo. Además, en Washington tenía una fabulosa mansión comprada por su Gobierno, pero puesta a su nombre. Cuando lograron deshacerse de la familia Somoza, el Gobierno que los remplazó tuvo que pelear en juicio para que la desocupe y la devuelva.

Somoza García gobernó de manera dictatorial durante 22 años, con breves períodos en los que imponía un presidente títere, contando siempre con el respaldo de EE. UU. Esto le permitió acumular una enorme fortuna. Fue baleado en un acto público el 21 de septiembre de 1956 por el joven poeta Rigoberto López Pérez. Al frente del país quedaron, sin embargo, sus hijos Luis Somoza Debayle, como presidente, y Anastasio Somoza Debayle, como jefe director de la Guardia Nacional. Ambos continuaron las directrices políticas de su padre.

En estas circunstancias se fundó en 1961 el Frente Sandinista de Liberación Nacional como un movimiento de oposición armada a la dictadura, logrando en 1979 derrocar a Anastasio Somoza Debayle, ‘Tachito’, dando lugar a la Revolución Nicaragüense.

Ortega en el poder. Los sandinistas gobernaron Nicaragua hasta 1990 y nuevamente a partir del 10 de enero de 2007, aunque esta vez por medio de un proceso electoral. En ambos períodos de Gobierno, el presidente ha sido José Daniel Ortega Saavedra. El agotamiento de la población y del modelo sandinista pareciera haber sobrepasado la paciencia del pueblo.

Varios meses de protestas, muertos y cientos de heridos, presos políticos y una situación económica y social cada vez peor, no han logrado que el Gobierno de Ortega dé su brazo a torcer para apartarse de su cargo y restaurar la democracia plena en el país, como lo exigen sus opositores. Según la CIDH, la situación es cada vez más grave.

La crisis es marcada por el descontento social, la caída de la economía y la polarización de sectores como el empresarial, producto del modelo gubernamental de Ortega, que lleva en el poder de manera ininterrumpida desde 2007.

Una dictadura familiar. El Gobierno actual de Nicaragua, a más de populista, es autoritario y despótico porque la mujer oficia de vicepresidenta y tiene un nivel de poder dentro de la estructura del Estado que lo único que hace es dañar la imagen del régimen. Los ciudadanos opinan que si bien el sandinismo vino a resolver el desastre que dejó Somoza, ahora está haciendo lo mismo.

Al final del camino estará el ocaso de este Gobierno con la convocatoria de elecciones libres y transparentes. Y en un escenario electoral de ese tipo, no va a ganar Ortega. El sandinismo terminaría siendo derrotado y habría un cambio de régimen.

Las elecciones libres. El grave problema que se puede presentar en unas próximas elecciones es la dificultad de conseguir un candidato que pueda componer los horrores que ha dejado Ortega. Como no ha funcionado la democracia y en la dictadura se vivía un partido único, aparentemente no existe un político que pueda aparecer y centralizar los votos de rechazo al Gobierno.

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