Elecciones. Alejandro Domínguez ocupaba el cargo interino en el organismo por Napout. Ayer en los sufragios fue respaldado.

Navidad con Francisco

El papa Francisco es sin duda alguna la persona más maravillosa de 2015. En todos los países que visitó, -América, África o Medio Oriente- fue acogido con amor y respeto a su palabra. Cuando estuvo en Turquía, país de mayoría musulmana pero secular en su concepción constitucional, fustigó el fanatismo de los insurgentes del proclamado califato islámico, que habían sometido a comunidades enteras a una “violencia brutal”, simplemente por su identidad étnica o religiosa, en Siria e Irak. Al reunirse con el presidente turco Erdogan, lo instó a un diálogo concertado para destinar recursos “no a las armas, sino a otras nobles batallas dignas para un hombre: la batalla contra el hambre y la enfermedad”.

Pero lo más extraordinario del papa Francisco quizá esté en su visión ecuménica de las religiones y su fe en el poder espiritual de las profesiones religiosas, como lo demostró al visitar en Estambul al patriarca Bartolomeo I, cabeza de la Iglesia ortodoxa, y celebrar con él una Misa compartida en la iglesia ortodoxa de San Jorge. Ya en enero, en el marco de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, al recibir en audiencia a la delegación ecuménica finlandesa en su peregrinación anual a Roma para celebrar la fiesta de San Enrique, su patrono, destacó el encuentro espiritual y ecuménico entre católicos y protestantes. Y el viernes 25, después de su bendición navideña Urbi et Orbi (a la ciudad y al mundo), oró por el fin del sufrimiento humano y la paz entre israelíes y palestinos en la región en la que nació Jesús. “Donde nace Dios nace la esperanza. Donde nace Dios, nace la paz. Y donde nace la paz, no hay lugar para el odio ni para la guerra”. Desde el balcón central de la basílica de San Pedro emitió su indulgencia plenaria a los católicos para su Año Santo de la Misericordia, con la esperanza de difundir este mensaje de la misericordia en un mundo desgarrado por la pobreza, las guerras y los ataques terroristas.

¿Pero se podría de veras festejar la Navidad y el Nuevo Año en la tierra donde nació Jesús, ahora hollada por las gruesas botas de Netanyahu?

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