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Nairo Quintana, un timido rebelde

Nairo Quintana (Tunja, 26 años), aquel “chico tímido y con desparpajo que no se arrugaba ante nada”, firmó ayer su segunda gran hazaña desde su debut profesional en 2010.

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Nairo Quintana (Tunja, 26 años), aquel “chico tímido y con desparpajo que no se arrugaba ante nada”, firmó ayer su segunda gran hazaña desde su debut profesional en 2010. La Vuelta Ciclística a España 2016 puso su nombre en el historial, como hace 29 años lo hizo el legendario Lucho Herrera, el único colombiano que hasta ayer la había logrado.

Tras ser superado por el británico Chris Froome en el Tour de Francia de este año, Quintana se tomó la revancha y lideró desde la décima etapa la prueba española para sumar así en su vitrina otro título donde ya reposa el Giro de Italia de hace dos años, la última vez también que su equipo Movistar ganó la carrera.

Magnus Cort Nielsen, de Orica-BikeExchange, fue el ganador del sprint final en Madrid, superando a Daniele Bennati y Gianni Meersman. En la general, Froome fue su escolta.

Respaldado por muchos de sus compatriotas en las calles de España, Quintana calificó la victoria como un “sueño”.

“Sentí que la mitad de Colombia estaba aquí”, afirmó. “Fue espectacular. He luchado muchas veces por ganar La Vuelta y finalmente ahora lo conseguimos”.

“Esta mañana en mi mente era un ganador, pero sabía que tenía que esperar a cruzar la línea”, dijo.

El descubridor de Nairo, el exdirector español Vicente Belda, no se extraña del éxito del “escarabajo”. Desde niño fue un superdotado para la bicicleta y con 18 años su nivel físico era una máquina.

El vencedor del Giro 2014 y de la Vuelta 2016 ya hacía labores de equipo en su familia mientras se formaba como ciclista: amasaba el pan a las cinco de la mañana, daba de comer a las vacas, a las gallinas y a las ovejas antes del entrenamiento, ayudaba a recoger papas. Todo eso curtió el temperamento de Nairo y formó una personalidad que traspasó lo cotidiano.

Con su palmarés, Nairo deja claro que es un ciclista poderoso. Al campeón le hubiera gustado pasar inadvertido, pero aquel placentero anonimato no volverá más. Es un ícono y siempre lo será. Solo le falta rebelarse contra la realidad y ganar el Tour de Francia. Aunque lo intente impedir Chris Froome. Ese es el reto del tímido rebelde.

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