Muralla china
Si hay un lugar donde se debería evitar a toda costa ser un preso político, ese es la República Popular China. Primero, porque no hay derechos humanos. Lo que sí hay es tortura. Y segundo: China es un país con un poder tan concentrado, que es difícil que el sistema se tambalee. Ni la guerra económica con EE. UU. logró que temblara. Peor la oposición interna o la disidencia. Por más valiente que se sea, las protestas, el periodismo investigativo, etc., terminarán probablemente como acciones que buscaron arar en el mar. En este Estado centralizado hay un elemento que causa disonancia al régimen: Hong Kong. “Dos sistemas, un país”. Así se resolvió la devolución de la colonia británica a los chinos en 1997, exigiendo que como condición del regreso el gobierno asiático se comprometiera a respetar la autonomía de Hong Kong y mantenerlo como un estatuto especial. Dos sistemas, un país. Sistema 1 (chino): dictadura de un partido. Sistema dos: democracia occidental. Podemos prever los choques. Hong Kong se rige -asemejando a un sistema federal- bajo sus propias reglas. En China, Hong Kong es considerado como la zona con mayor libertad económica del planeta. Y se encuentra entre las diez principales potencias comerciales. Aquí viene el gran pero: a China no le gusta, no le gusta tanta libertad. Manda marinero, no el capitán. Y para poner la casa en orden decidieron implementar la ley de extradición, que contempla la posibilidad de que un sospechoso en Hong Kong sea procesado en la República, en un país que no tolera ni la crítica, ni la rebeldía. Era destruir la muralla que los mantenía a salvo del depredador. Ante las protestas masivas, lograron mantener el proyecto en “reposo”. China probablemente solo esté esperando. En 2047 se termina su obligación legal de respetar el estatuto especial. Se caerá la muralla y llegará la reunificación. Carta abierta del régimen autócrata que por años le recordaron los límites de su poder. En Ecuador se ha iniciado el debate centralismo vs. federalismo”. Una cosa tengo clara: si no existe una cultura institucional de descentralización y la autonomía “la da” el Gobierno central, también la puede quitar.