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Parejas chinas dividen sus apellidos a los hijos

La mayoría de niños lleva el paterno, pero cada vez más mujeres insisten en transmitir su linaje

China linaje
Yang Yiren, experto en nombres chinos, dando un nombre a la hija recién nacida de un hombre en BeijingAFP

Cuando Wang Rong dio a luz a su segundo hijo le recordó a su esposo la promesa que le había hecho incluso antes de casarse: permitirle darle su apellido a su descendencia.

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“Mi padre tuvo dos hijas y no quería que nuestro linaje se extinguiera con nosotras”, explicó la joven china. “No quería que mi papá lamentara no haber tenido un varón”.

En China, como en numerosos países, los niños llevan el apellido de su padre, que se escribe delante del nombre de pila. Pero son cada vez más las mujeres que insisten en transmitir los apellidos de sus antepasados a sus hijos.

Esto es, en parte, consecuencia de la política del hijo único que ha imperado durante casi 40 años en China: de esta manera, muchas mujeres pueden heredar el patrimonio -y el apellido- de sus padres.

El debate comenzó cuando una mujer informó que se estaba divorciando porque su marido se negó a permitir que su hijo llevara su apellido

Las familias que no han tenido un hijo varón solo han tenido la posibilidad de apostar todo por su hija, y así se ha visto en los últimos años el surgimiento de una generación de mujeres jóvenes bien preparadas, con una buena carrera, y a veces con un mejor empleo que sus maridos.

Actualmente tener un segundo hijo está autorizado y algunos padres jóvenes han encontrado la solución: el mayor lleva el apellido del padre y el segundo el de la madre.

Casi no existen estadísticas a nivel nacional sobre este tema, pero en Shanghái, la ciudad más desarrollada de China, convertida en una especie de laboratorio social para todo el país, a uno de cada diez recién nacidos en 2018 se le puso el apellido materno, según el ayuntamiento.

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Esto es lo que logró Wang Rong. “Cuando nació nuestro hijo mayor todavía estaba vigente la política del hijo único. Mi marido insistió en respetar la tradición y ponerle su apellido”, cuenta esta aseguradora de profesión. Pero “aproveché mi ocasión cuando en 2016 se autorizó tener un segundo hijo”.

Su hijo mayor, He Wenshi, tiene 8 años y “para él no es nada raro que su hermano menor de 2 años, Wang Yunshi, no lleve el mismo apellido”.

En las ciudades nadie puede saber quién lleva el apellido de quién. Pero en la campaña, donde todo el mundo se conoce, un niño puede ser objeto de burla si se sabe que lleva el apellido de su madre y que su padre lo sea por su virilidad.

En general, no hay una real igualdad de género. Es otra forma más sutil del patriarcado

Shen Liu,

escritora china

La evolución progresiva a favor de utilizar el apellido materno ilustra el cambio en el equilibrio de poder dentro del matrimonio, observa la socióloga Liu Ye, del King’s College de Londres.

Las mujeres que transmiten sus apellidos a sus hijos suelen ganar más que sus esposos o provienen de familias más ricas o con mejores contactos sociales, añade la experta.

En realidad, no hacen otra cosa que recuperar una tradición que existía hace 2.500 años, bajo la dinastía Zhou: las mujeres de los clanes más poderosos daban su apellido a sus hijos, recuerda Zhang Yiren, especialista en genealogía en Pekín.