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planta de energía térmica en Ucrania
Andriy, un electricista, cerca de los barriles con leña encendida, instalados para calentar la sección dañada de una planta de energía térmica en Ucrania después de los ataques rusos.EFE

Ingenieros ucranianos luchan contra el frío y ataques rusos para dar luz a hogares

A -17°C y con equipos chamuscados, trabajadores arriesgan su vida. Los impactos destruyeron el 50% de capacidad de generación

Los ingenieros ucranianos se enfrentan a las temperaturas bajo cero para restablecer el suministro eléctrico de los millones de hogares que sufren prolongados apagones debido a los ataques aéreos rusos contra el sistema energético.

"Antes había grandes planes para el futuro de la planta. Ahora, en cambio, estamos luchando por la supervivencia", dijo a EFE Irina, una empleada de DTEK, la mayor empresa privada del sector, junto a una central térmica gravemente dañada.

Las temperaturas dentro de la parte dañada de la impresionante estructura son igual de bajas que en el exterior, pues parte de los muros han sido destruidos por las explosiones. La nieve que cae por el techo hundido cubre los equipos chamuscados, pero aun así el personal trabaja sin pausa para reparar los daños.

Duras condiciones y riesgos

"Las temperaturas bajo cero están haciendo que todo sea mucho más difícil", subrayó en declaraciones a EFE el jefe de turno Orest. De varios bidones se eleva el humo de la leña que están quemando para proporcionar algo de calor a los trabajadores, aunque también están encendidos varios quemadores industriales de gas para proteger a los equipos de más daños, a temperaturas que han llegado a caer hasta los 17 grados bajo cero.

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Con sus más de 25 años de experiencia, Orest habla de forma tranquila, pero sin poder ocultar del todo el dolor cuando describe el impacto de un ataque aéreo ruso como un "apocalipsis". Las explosiones de misiles y drones dejaron retorcidas pesadas estructuras de metal, mientras que el gran volumen de grasa fugada dificultó mucho las tareas de extinción del fuego.

Cada vez que la planta es atacada, Orest y otro puñado de empleados permanecen en sus puestos el máximo tiempo posible, mientras que el resto de la plantilla corre a los refugios antiaéreos. Algunos equipos tienen que permanecer en funcionamiento constante, explicó, y los ingenieros deben aplicar procedimientos para evitar daños críticos.

"Soy el último en marcharme porque no sería capaz de mirar a las caras de los familiares si otra persona resultase herida", explicó. Cuando el ataque termina, muchos empleados que han recibido la formación correspondiente se unen a los bomberos en las labores de extinción.

Pese a los intentos por protegerla, las mismas dimensiones de la planta hacen que no se la pueda blindar del todo frente a los daños; además Rusia ha ido modificando sus tácticas de ataque y usa las recomendaciones de los empleados del sector energético ruso para lograr su objetivo de socavar la moral de la población.

Una emergencia sin precedentes

En condiciones normales, las centrales térmicas de carbón, con una capacidad que solo aventajan las plantas nucleares, servirían para garantizar que el sistema se adapta con rapidez a las fluctuaciones del consumo eléctrico, reduciendo o incrementando la producción, según las órdenes del operador de la red.

Según DTEK, cada una de sus centrales térmicas ha sido atacada por Rusia en múltiples ocasiones, con un total de 220 ataques en los cuatro años desde que empezó la invasión.

Los bombardeos se han intensificado desde septiembre y han destruido o dañado el 50 % de la capacidad de generación de la empresa, lo que ha provocado la actual crisis humanitaria, en la que millones de personas en pleno invierno solo disponen de unas pocas horas de electricidad al día y a menudo carecen del todo de calefacción.

En 2025, la empresa invirtió el equivalente de 190 millones de euros en reparar sus centrales térmicas.

Sin embargo, los ataques rusos han empujado al sistema al borde del precipicio, según dijo la semana pasada en el Foro Económico Mundial de Davos el consejero delegado de DTEK, Maxim Timchenko, que pidió apoyo urgente a los aliados de Ucrania en términos de equipamiento y de financiación.

El esfuerzo continúa

Pese a la "desesperación" a la vista de los daños, Andrí, un electricista, cuenta a EFE que la plantilla siente que su trabajo es especialmente importante, ya que hacen todo lo que está en su mano para restablecer la electricidad a miles de hogares.

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Aparte de pedir que se ejerza más presión internacional sobre Rusia para que cese sus ataques, los ingenieros señalan que hacen falta urgentemente equipos especializados, muy difíciles de conseguir en Ucrania tras años de guerra.

Algunos tardan meses en ser fabricados, aunque también hay equipos en el extranjero que se podrían adaptar e instalar rápidamente, explicó Orest, el jefe de turno.

Pese al frío y al elevado riesgo de más ataques, no pierde la determinación.

"He trabajado aquí toda mi vida y estaré aquí hasta que restauremos (la central) lo mejor que podamos", aseguró con una leve sonrisa. 

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