Mundo

Dos hitos del siglo pasado en pleno 2020

Una surcoreana y una zambiana evidencian que la mujer aún tiene espacios por conquistar

Las vidas de Saray Khumalo y de Lee So-jeong transcurren en ciudades diferentes de países lejanos y a la distancia de dos continentes, en África y en Asia. Y sin embargo, tienen una particularidad que las hace muy cercanas: vivir realidades en las que la mujer aún está obligada a escuchar frases como: “No deberías estar haciendo esto”, “Pórtate bien y cásate”...

Khumalo quiere que las próximas mujeres de Sudáfrica, su país, que intenten algo que no se había hecho nunca no tengan que oír las frases peyorativas que ella tuvo que soportar (tanto de gente blanca como de su misma raza) durante los cinco años que estuvo tratando de conquistar el Everest. De hecho, la aventura de Khumalo con este deporte extremo empezó muy tarde en su vida, cuando tenía 40 años.

Lee So-jeong vive en Corea del Sur, donde la brecha salarial entre hombres y mujeres es la más alta de los países desarrollados. En promedio, las mujeres ganan un 66 % del salario de los hombres, y las madres que trabajan deben ser tan buenas en la educación de sus hijos como en el medio profesional. Todo esto, en un continente que tiene a los hombres como dueños y señores. Se lo ve en las calles cuando las mujeres caminan detrás de sus esposos y nunca a su lado. Dificultades que se abordan en la reciente película de éxito ‘Kim Ji-young: Born 1982’. Basada en una novela feminista, cuenta la historia de una mujer común, de 30 años, que hace malabarismos entre el trabajo y la familia.

La activista de derechos de la mujer Bae Bok-ju considera que la llegada de Lee es una señal alentadora para este país asiático. Sin embargo, su historia, como la de Khumalo, también evidencia de manera increíble que en pleno 2020 la mujer todavía tiene espacios por conquistar.

Una africana negra en la cima del Everest

Sudáfrica
JOHANNESBURGO. La escaladora sudafricana Saray Khumalo observa la ciudad donde habita desde lo alto de un cerro.Kim Ludbrook / EFE

En la lista de casi 5.000 personas que han coronado el monte Everest, solo hay una mujer africana negra. Su nombre: Saray Khumalo. Su hazaña de 2019 convirtió su vida en una ruta de desafíos que le acaba de dar también el título de pionera africana en el Polo Sur. “Todos tenemos estos sueños que están como en la estantería y que decimos ‘aaah, no me deberían ver haciendo esto’... Igual, eso es lo que la persona de al lado está esperando para poder avanzar. Es muy importante que nuestra generación allane el camino a la siguiente”, dice Khumalo, recién llegada de la Antártida.

Aún tiene vendado el pulgar que se le congeló unas semanas atrás en su viaje al Polo Sur y que obligó a cancelar su primer intento de escalar el macizo Vinson (4.892 metros), dentro de su carrera por conquistar las cumbres más altas de todos los continentes y de llegar a los dos polos geográficos, en un desafío conocido como el ‘Grand Slam de los Exploradores’.

Aunque no llegó al Vinson, su primer intento en la Antártida tampoco fue un fracaso. El viaje la convirtió en la primera mujer negra africana en pisar el punto más austral de la Tierra, al igual que ya había hecho el 16 de mayo de 2019 con el punto más alto del planeta, el monte Everest (8.848 metros).

En su currículum, tiene 4 de las 7 ascensiones que necesita para completar ese ‘Grand Slam’, más la llegada al Polo Sur, y en abril pondrá rumbo al norte para enfrentarse por primera vez al Ártico. De 48 años, se considera una auténtica hija de África. Reside en Sudáfrica, nació en Zambia, sus abuelos son ruandeses y en su etapa de estudiante pasó tiempo en Zimbabue y en la República Democrática del Congo. Cuando logra una meta, clava a la vez muchas banderas en nombre de las mujeres del continente. “La anterior generación nos dio la libertad que experimentamos hoy, somos un 50 % de mujeres en el Parlamento (sudafricano)... ¿Qué va a hacer mi generación por la siguiente? Les estamos enseñando que el mundo está lleno de oportunidades por atrapar, no de obstáculos que superar”, dice Khumalo, quien además de montañista se presenta como empresaria y madre de dos hijos.

Supongo -concluye- que ha habido cosas más importantes en el pasado que escalar montañas, como conseguir nuestra liberación, como poner comida en las mesas...Pero creo que a medida que el mundo se convierte en nuestra aldea global, nuestros intereses se vuelven mucho más parecidos sin importar dónde estemos

Saray Khumalo,
​escaladora, empresaria y madre

A pesar de que cuando era más joven nadie de su familia o de su entorno había tenido nunca relación con el alpinismo, Khumalo puso en su "lista" de sueños a cumplir en la vida el subir al Kilimanjaro (5.895 metros), la cumbre más alta de África. "Alguien habló de escalar el Kilimanjaro y yo no lo había hecho. Pensé 'como mujer africana tengo que hacer eso, tengo que pisar la cima de África'. Y lo hice", recuerda.

Fue entonces cuando se le ocurrió que no iba a parar ahí, sino que se iba a embarcar en el reto de coronar las montañas más altas de todos los continentes. Lo iba a hacer, además, recaudando fondos para proyectos de educación -la herramienta que ella considera más importante para alcanzar cimas, ya sea literales o metafóricas- bajo la campaña "Summits with a Purpose" ("Cimas con propósito").

Las donaciones y los apoyos de patrocinadores se multiplicaron a mediados de mayo pasado, a partir del día en que Sudáfrica amaneció llena de titulares con su nombre, acreditada como la primera africana negra en coronar el Everest. Esa "fama", inesperada para ella porque hasta entonces había sido solo una ciudadana anónima más, Khumalo se la ha tomado como una "responsabilidad" enfocada a hacer del mundo un "lugar mejor".

Quiere que las próximas personas que intenten algo que no se había hecho nunca no tengan que escuchar los "no deberías estar haciendo esto" que ella tuvo que soportar -tanto de gente blanca como de su misma raza- durante los cinco años que estuvo tratando de conquistar el Everest. Los fondos que recauda con su campaña y, ahora también, con la ayuda de un programa de salud y seguros sudafricano para el que también ejerce de ejecutiva, van destinados a costear los estudios en el área de negocios de estudiantes que, aun teniendo la nota y las cualidades, no se pueden pagar una carrera o un posgrado.

La idea es que, después, esos mismos estudiantes devuelvan lo prestado desde su mejorada posición social y ayuden a la siguiente generación de alumnos.

Por primera vez una mujer presenta las noticias

Lee So-jeong
SEÚL. Lee So-jeong, de 43 años, se convirtió en la primera mujer en presentar las noticias en un telediario en Corea del Sur.JUNG YEON-JE / AFP

Lee So-jeong, de 43 años, se convirtió en la primera mujer en presentar las noticias en un telediario en Corea del Sur, donde, durante décadas, este prestigioso papel estuvo reservado a los hombres. Desde noviembre pasado, Lee entra a los hogares cinco veces a la semana con ‘Noticias 9’, el noticiero televisivo de la cadena pública KBS, el más visto en un país tecnológica y económicamente avanzado, pero culturalmente dominado por hombres.

Hasta la llegada de Lee, un hombre de mediana edad relataba con seriedad las principales noticias del día y una mujer mucho más joven le sucedía para la información más ligera.

El hecho de que una mujer presente ahora el noticiero principal es una señal de que Corea del Sur está en una encrucijada para acabar con los estereotipos de género.

Bae Bok-ju,
​activista de los derechos de la mujer

Lee presenta al lado de un hombre más joven. La periodista quiere cambiar el lado tradicional de KBS, particularmente para captar al público joven desanimado por emisiones que tienen la tendencia a “dar lecciones a los telespectadores”. Desde su llegada al frente de la presentación del telediario, el porcentaje de audiencia de su programa pasó de 9,6 a 11 %. Pero es consciente de que no tiene derecho al error. “Si fracaso, eso podría deshonrar a todas las mujeres periodistas”, afirma, preocupada de hacerlo bien para ofrecer a sus colegas más oportunidades. Incluso admite que esa presión es mayor a la que siente durante la presentación en directo de las noticias.

En Corea del Sur, la duodécima economía mundial, persisten los valores sociales tradicionales. La brecha salarial entre hombres y mujeres es la más alta de los países desarrollados. En promedio, las mujeres ganan un 66 % del salario de los hombres y las madres que trabajan deben ser tan buenas en la educación de sus hijos como en el medio profesional.

Muchas tienen dificultades para llevar una vida profesional y familiar y se ven obligadas a renunciar a su carrera. Esta presión social lleva a muchas surcoreanas a renunciar a la maternidad. La tasa de fecundidad cayó a 0,98 en 2018, muy inferior a los 2,1 necesarios para que se renueve la población. Lee, quien tiene un niño de seis años, también se enfrentó a este asunto. Debutó en la televisión en 2003 y confiesa haber encontrado esas dificultades al regresar de su licencia de maternidad.

Lee, quien debutó en la televisión en 2003, confiesa haber encontrado dificultades al regresar de su licencia de maternidad. "Sentía que no era ni buena madre ni buena periodista", recuerda Lee, quien llama a "las jóvenes a dar lo mejor en el trabajo sin culparse por las cosas que no pueden controlar".

Para el director general de la información de KBS, había llegado el momento de nombrar a una mujer en la presentación del telediario para responder "a las exigencias de la época". Esto era "impensable" en los años 80, reconoce. Para la activista de derechos de la mujer, Bae Bok-ju, la llegada de Lee es una "señal alentadora" para el país. "El hecho de que una mujer presente ahora el noticiero principal es una señal de que Corea del Sur está en una encrucijada para acabar con los estereotipos de género", aseguró.