Hacia un mundo de paz

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Hacia un mundo de paz

Las fiestas pascuales son la contracara de la frase “después de la tempestad viene la calma”. Y es que en el calendario católico las dos últimas semanas de diciembre crean la ficción de la felicidad, del amor entre los seres, de los afectos, de los cariños. Una campanada que suena en cualquier iglesia es tomada como señal de parabién, un saludo como una premonición de bondad, un mensaje electrónico como el compromiso de olvidar odios y agravios, arrinconar las tensiones, anular las venganzas. La realidad, sin embargo, recupera toda su dimensión luego del primero de enero y se muestra tal cual es. Los seres humanos vuelven a enfrentar el mundo de carencias, la necesidad de sobrevivir altera la calma festiva coloreada por los matices del nacimiento y el árbol navideño, y la hermandad, que pareció llenar el paisaje externo de los gloriosos días y ocupar el espacio interno de los espíritus, vuelve a ser la competencia a dentelladas, la confrontación cotidiana por la ganancia, el reemplazo del “quererse unos a otros” por la fría convicción de que la vida es “aprovecharse los unos de los otros”, la sustitución de una fe recitada en oraciones, rezos y prosternaciones por una muy deseada práctica de someter a cualquiera para obtener el beneficio y la ventaja.

Atemperar estos dos extremos, disminuir la pasajera farsa de la simple liturgia, y empoderar la posibilidad de que esa pasajera y corta ilusión se convierta en natural decurso, es un objetivo por el que vienen luchando desde hace mucho tiempo quienes persiguen una sociedad de justicia, equidad y libertad. Unos han dejado su vida y hay otros que siguen luchando y para quienes la solidaridad es su razón de vivir. Hay núcleos que se enfrentan a diario a la omnipotencia del poder, que salen a las calles y no dudan en hacer frente a la arremetida de la represión. Son personas que han preferido el esfuerzo de servir a los demás que la acumulación en beneficio propio. Es una marea humana, la de la bondad y la paz, que está trazando el destino de nuestra sociedad.