La mujer que le dio rostro al chocolate

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La mujer que le dio rostro al chocolate

En el país, tal vez pocos han oído su nombre o el de su marca, pero lo cierto es que Lourdes Delgado fijó un antes y un después en la producción de cacao nacional.

Lourdes Delgado de Pandzic, gerente de Chchukululu

Ha venido trabajando silenciosamente por más de una década. En el país, tal vez pocos han oído su nombre o el de su marca, pero lo cierto es que Lourdes Delgado fijó un antes y un después en la producción de cacao nacional. Con su marca Chchukululu rompió paradigmas, hasta convertirla en una de las firmas referentes en el mercado de chocolates finos.

Lourdes nació en Manta, pero desde sus 27 años vive en Guayaquil, invitada por su padre, Askley Delgado, a participar y empujar el negocio de exportación cacaotera. Una labor que la apasionó desde un principio y que la llevó unos años después a pisar la industria chocolatera. Todo se inició en el 2002 en un viaje a Inglaterra, representando a Ecuador ante la ICCO (The International Cocoa Organization). Al visitar las grandes tiendas, cuenta, se fijó cómo la fama y el mayor prestigio se lo llevaba el chocolate europeo que, en su mayoría, era fabricado con un alto porcentaje de cacao ecuatoriano. “Entonces me pregunté, si nosotros como país tenemos la materia prima, la maquinaria para hacer chocolate confite por qué no podemos empezar a hacer algo fino”. Así se lo propuso.

Delgado, quien estudió Administración de Empresas en EE. UU., decidió en el 2004 aliarse a una naciente fábrica maquiladora de chocolate y sacar al mercado su marca Chchukululu, que en quichua significa “pájaro que canta” y que ha conquistado a Europa entera y otros mercados como Inglaterra, Canadá, EE. UU., Chile y Perú. Fue una labor de investigación, para dar con las fórmulas y el sabor que embelesa al consumidor exigente, para pensar en su presentación, para labrar un camino por el que siguieron otras marcas nacionales que hoy también están teniendo éxito en el mercado internacional de chocolate fino. Si su marca poco o nada se conoce a nivel nacional es porque en el fondo así se lo ha propuesto. “Me han dicho para venderlo en supermercados, farmacias, pero no puedo aceptar eso si mi chocolate es exclusivo, si considero a mi producto como una joya. No se compra una cartera Gucci o zapatos Ferragamo en la bahía. Creo que no hay que perder el concepto”.

Actualmente Chchukululu se codea con más de 500 marcas exclusivas a nivel mundial y para mantener ese prestigio ha debido innovar. Este año ha empezado una campaña de preservación de cultivos, una labor que implica fortalecer la capacitación que por años viene dando a sus agricultores. “Hasta el año pasado hice chocolate con árboles de 100 años, pero este 2016 he iniciado mi búsqueda de árboles de 200 años para producir mis chocolates”. Ofrecer algo único siempre ha sido y será la consigna de esta empresaria que está por cumplir 47 años, que de más joven estudió Literatura en Inglaterra, motivada por su pasión por la escritura, pero que tuvo otro destino profesional. Un mundo que la sigue apasionando y que hoy se niega a dejar.