Una mujer que se defiende con aplomo

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Una mujer que se defiende con aplomo

Piedad López sobrevivió al terremoto de 1949. El paro afectó su local

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Crítico. Piedad espera recuperar a sus antiguos clientes. Cuenta que su pan incluso lo enviaba al extranjero, a migrantes en España.Karina Defas / Expreso

Día 16. El paro continúa. Y pese a eso, Piedad López, de 81 años, abre su cafetería por segundo día consecutivo. Durante 40 años, desde las calles Sucre y Flores, centro de Quito, ha presenciado infinidad de manifestaciones, grescas y también la caída de gobiernos como los de Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez.

Las protestas y enfrentamientos entre uniformados y civiles no la asustan. Son eventos ínfimos para una “guerrera” como ella. Porque desde los ocho años de edad sabe cómo librar batallas de peso.

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Sobrevivió al terremoto de Ambato, en 1949. Cuando el movimiento telúrico de 6,8 sacudió la tierra, ella estaba con su mamá deshojando choclo. Su memoria guarda celosamente estos recuerdos. “Nos arrodillamos a rezar. Veíamos caer edificios. La gente gritaba. Muchos murieron”.

Más de cinco mil víctimas cobró este fenómeno natural. El cantón Pelileo desapareció por completo. La tierra se lo tragó. Y Piedad salió ilesa.

Tiempo después, a los 41 años, migró a la capital con nueve hijos pequeños a bordo. Un mejor futuro para todos es lo que buscaba. Empezó vendiendo chocolate y pan de ambato en un zaguán de la calle Sucre. Progresó, y ahora es propietaria de uno de los negocios más reconocidos en el casco colonial.

Pero su temple nuevamente se pone a prueba. Las protestas que sacuden Quito la arrinconaron hacia la desesperación. Teme por su negocio. No quiere verlo morir. No después de tanta lucha y esfuerzo.

Enmudece. Y luego devela su envejecido rostro tras retirarse la mascarilla. Luce cansada. Y mientras coloca una de sus corrugadas manos en un bastón que usa de apoyo para caminar, aclara enfáticamente, como tratando de autoconvencerse, que ni la COVID-19 la tumbó, mucho menos lo hará “una crisis política más”. No se dará por vencida, añade. Porque confía en Dios. “Y solo Él tiene la última palabra”.

Según Luis Naranjo, representante de la Cámara de Comercio de Quito, los pequeños negocios como el de Piedad representan el 99,5% de la totalidad de empresas del país.

Son fuentes que inyectan al sistema económico y productivo del país, y tras la paralización, “dos de cada 10 comercios cerraron completamente”. Muchos para evitar riesgos y pérdidas mayores.

Como las que enfrenta la cafetería de Piedad. Que en 15 días no ha vendido nada. 10 mil dólares dejó de percibir. Despidió a dos de las cinco ayudantes con que trabajaba, y en los últimos dos días que pudo atender, ni siquiera completó 60 dólares. Su situación es precaria, recalca.

11:45. Tres de las seis mesas del restaurante siguen libres. En un rincón, cerca de un barandal, la mujer de 1,50 metros de estatura y casi 80 kilos arrima una silla a la pared y se desploma sobre ella.

Se acomoda de lado a lado. Frunce el rostro y cuenta que todavía no se acostumbra a convivir con una placa de acero que le colocaron en la cadera. Hace dos años perdió el equilibrio y cayó inconsciente en el baño de su negocio. El brazo izquierdo también se fracturó.

Desde entonces, no puede caminar sola ni para vender el pan del que hace alarde por ser el auténtico ambateño. El sitio aún luce vacío. Vendió solo 20 desayunos. Encoge los hombros en señal de resignación. Y dice que mañana podría ser mejor. “Todo dependerá de lo que digan los duros. Los de arriba. Ojalá todo acabe”. 

LA CIFRA. 2 de cada 10 comercios pequeños y medianos cerraron completamente en 15 días de paro.