Actualidad
Muerte, la estrategia antidroga de Duterte
La muerte de cientos de hombres a balazos en plena calle y los cuerpos mutilados en descampados siembran el terror en las barriadas filipinas desde que el presidente, Rodrigo Duterte, lanzó una guerra antidrogas sin cuartel.

La muerte de cientos de hombres a balazos en plena calle y los cuerpos mutilados en descampados siembran el terror en las barriadas filipinas desde que el presidente, Rodrigo Duterte, lanzó una guerra antidrogas sin cuartel.
Durante la campaña, el exalcalde de Davao prometió acabar en seis meses con el narcotráfico y el crimen que roe el archipiélago matando, si hiciera falta, a miles de delincuentes.
No ha alcanzado su meta, pero desde su investidura como mandatario hace un mes se ha desatado una espiral de violencia con cientos de muertos a manos de la policía o de civiles convertidos en justicieros con la bendición del presidente.
Una imagen resume los abusos. Bajo los focos de las cámaras de TV y la mirada horrorizada de personas agrupadas detrás de las cintas amarillas de la policía, una mujer de cuclillas en una calle abraza el cuerpo de su marido. Lo acababan de matar unos desconocidos.
“Mi marido era inocente. Nunca ha hecho daño a nadie”, declaró una semana más tarde Jennilyn Olayres. Michael Siaron tenía 30 años y era conductor de taxi triciclo.
Los asesinos lanzaron cerca del cadáver un trozo de cartón en el que escribieron con letras grandes: “vendedor de droga”.
Pero su tren de vida distaba mucho del de un capo. Vivía con su esposa en un tugurio encaramado a unos postes con vista a una alcantarilla. “A veces intentábamos acostarnos tarde para no tener que preocuparnos más que del almuerzo y de la cena”, declaró ella antes del funeral.
Las cifras policiales de esta semana informan de 402 personas sospechosas de narcotráfico muertas desde la investidura de Duterte, el 30 de junio. El balance no incluye los asesinatos cometidos por civiles.
La principal cadena filipina, ABS-CBN, da cuenta de 810 muertos desde la elección de Duterte en mayo, de los cuales 240 a manos de hombres armados desconocidos. Unas cifras que sugieren un incremento de los homicidios cometidos -legalmente o no- por las fuerzas de seguridad en ese lapso.
Las redadas policiales contra presuntos refugios de narcotraficantes causan muertos cada noche. Las autoridades afirman que todos los sospechosos fallecidos estaban armados y oponían resistencia al arresto.
También se ha disparado el número de asesinatos cometidos por civiles, algunos de ellos en plena calle. Otras veces aparecen cadáveres en terrenos baldíos con la cara envuelta en cinta adhesiva y un cartel a su vera acusándolos de tráfico de estupefacientes.
El director de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito, Yury Fedotov, condenó “el aparente respaldo de las ejecuciones extrajudiciales” y calificó la campaña de Duterte como una “violación de derechos y libertades fundamentales”.
La ola de violencia ha conducido a decenas de miles de consumidores o de pequeños traficantes de droga a rendirse a las autoridades locales. Según la policía fueron 565.806.
Muchos de ellos llevaban todavía puestos los brazaletes con el nombre de Duterte distribuidos masivamente durante la campaña. Siaron formaba parte de los 16 millones de filipinos que votaron por él.