Mito caido

Se acabó el mito de que Samborondón era el sitio más seguro para vivir. No va más aquello de ‘isla de paz’. Atrás ha quedado la época en que se podía dejar las puertas abiertas, las bicicletas en la calle, o irse tranquilo fuera de la ciudad durante el fin de semana, imitando a sociedades del primer mundo donde la seguridad es un verdadero derecho del que disfruta la ciudadanía.

Hoy la burbuja se ha roto. Los robos a casas en ciudadelas cerradas son cada vez más frecuentes y las formas en que los delincuentes han accedido a las viviendas, así como el conocimiento puntual de la ubicación de los bienes sustraídos llevan a sospechar de mecanismos de confabulación con personas cuyo ingreso está autorizado.

El incremento de la delincuencia está llevando a que en un número cada vez mayor de hogares del sector se cuente con guardias de seguridad en forma permanente y a que vaya quedando en el olvido la tranquilidad de que se disfrutaba hasta hace relativamente poco tiempo.

Las autoridades de Samborondón y la fuerza pública deben desplegar una estrategia conjunta de manera urgente para evitar una escalada delictiva que iguale a la que actualmente soporta Guayaquil, con asaltos cotidianos a personas y establecimientos.