Los millennials somos mas liberales

Mi intención no es ser la voz de una generación entera, mucho menos presentarles lo que escribo como una verdad absoluta, sino hablar de lo que he notado sobre los cambios en el pensamiento de la mayoría, al menos a mi parecer, de la generación a la que pertenezco.

Es común escuchar a personas mayores que nosotros hacer comentarios como “el mundo está perdido”, cuando ven en las noticias determinados acontecimientos o cuando escuchan posiciones de algunos de nosotros respecto a temas controversiales. Mi generación (de nuevo a mi parecer) confía menos y se hace preguntas distintas. Desconfiamos de autoridades con tentáculos largos, del poder abusivo, de decisiones tomadas en nuestro nombre sin consultarnos. Nos preocupa sobremanera que el Estado tenga en sus manos el poder de decisión en tantos aspectos de nuestras vidas, en los precios a los que compramos tal o cual producto, en si dos personas pueden suscribir un contrato civil que genere derechos y obligaciones para ambas partes (matrimonio igualitario), entre otras cosas que vemos a diario en este y otros países, donde el mal del estatismo extremo no ha sido erradicado.

Por otro lado, cuando me refiero a que nos hacemos preguntas distintas hablo de temas de coyuntura vistos desde otra óptica. Por ej., en el caso de despenalización del aborto por violación; más allá de entrar al largo debate de si el aborto es bueno o malo, nos preguntamos: ¿una mujer que ha sido violada y decide terminar con su embarazo, merece la cárcel? O vemos políticos hablando de la eliminación de la tabla de consumo mencionando en sus discursos a madres que les hablan de que por culpa de la tabla sus hijos ahora son adictos. Esa madre desesperada por la enfermedad de su hijo ¿estaría de acuerdo con que si o encuentran con una dosis de droga lo encarcelen? Considero que los millennials sí somos más “liberales” en el sentido de que creemos más en el vive y deja vivir. Le tememos a la intromisión estatal en aspectos fundamentales de nuestras vidas. Eso no nos hace “quemeimportistas” sino, en muchos casos, más tolerantes y humanos.