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Diario Expreso Ecuador

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El miedo, la peor herencia

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KATIUSKA, una profesional de 30 años, antes de dormir revisa que todos los accesos de su casa estén bien cerrados. Usted dirá que eso no tiene nada de malo, claro que no; pero si lo hace varias veces durante la noche y la madrugada, ya no parece tan normal. Entra en estado de nervios si en la calle se le acerca alguien con vestimenta muy informal (bermuda, gorra, cadenas, gafas, etc.), tanto que hace lo imposible para cruzarse a la otra vereda, sin percatarse del peligro que corre en medio del tráfico.

Estos y otros temores atormentan a Katiuska, quien acepta que su madre le transmitió sus numerosos miedos; algunos de ellos ni siquiera los ha experimentado, pero están ahí porque su mamá la alarmó sobre ellos, sin darle la explicación debida.

En la actualidad, la profesional reconoce que tiene un serio problema y que para superarlo necesita de ayuda profesional, pues algunos de sus temores la han paralizado y han afectado mucho varias áreas de su vida. Ahora ella quiere superarlos.

Tener miedo es una emoción normal, que ocurre como una respuesta de protección ante un estímulo desconocido, afirma la psicopedagoga Adriana Rada, quien señala que los padres normalmente al formar a sus hijos empiezan a avisarles sobre las situaciones que podrían ser riesgosas para ellos; no está mal advertirles del peligro, pero esto debe hacerse en forma positiva (sin exaltación) y con las debidas explicaciones. Eso es lo correcto.

Usted es la fuente

Los padres son una de las fuentes más grandes de transmisión de emociones a los hijos. Los pequeños aprenden más de lo que ven que de lo que les dicen. “Aprenden lo bueno y lo malo, y una de las causas de la transferencia es que los padres no han superado sus miedos infantiles y provocan ansiedad al niño cuando este ve en ellos reacciones de inseguridad ante lo nuevo que quiere descubrir como parte de su aprendizaje. Como cuando el hijo quiere aprender a nadar y le contagian miedo con sus acciones y frases tipo ‘mejor no lo hagas’, ‘es peligroso’”, dice la orientadora familiar Toyi Espín de Jácome.

Formas de transmisión

Sentir miedo puede ir desde el temor a objetos, situaciones o personas, indica el psicólogo clínico Jonathan Suárez, quien expone que hay varias maneras de transmitirlo:

- Comunicación negativa o errónea: La información negativa que se dé al niño o el estímulo que se pueda crear, producirían temor en el infante.

- Condicionamiento: Suelen ser transmitidos cuando una persona ha sufrido algún suceso negativo en su vida, y cuando suele presentarse otro hecho parecido a aquello, tratará de evitarlo de cualquier manera. Por ejemplo, si alguien manipuló un artefacto explosivo y sufrió quemaduras con su detonación, el simple hecho de oír un estallido le producirá un rechazo total.

- Otras: En esta categoría caen el presenciar actos agresivos y cierto tipo de experiencias traumáticas como las muertes, la violencia entre padres o familiares, etc. Si estos episodios no pueden ser sobrellevados, suelen originar cuadros clínicos mayores, como estrés postraumático o trastornos de ansiedad.

‘Testador’ y heredero

Los padres que tienen la tendencia de transmisión son inseguros, de baja autoestima, sobreprotectores, ansiosos, obsesivos compulsivos, nerviosos, llenos de pánico y fobias, no pueden manejar ni orientar su vida, enfrentar situaciones en lo personal, laboral y familiar. La ‘herencia’ que le dejarían a su hijo es desarrollar una personalidad inhibida, miedosa, con la que no socialice con otros niños, que se aísle, deprima, que sea inseguro, que conciba ideas negativas sobre un mundo exterior cargado de peligro. Espín estima que los padres que han desarrollado estas patologías enfermizas arrastran a sus hijos a ellas, o a otras peores, y desencadenan problemas de conducta, personalidad y hasta mentales.

De una generación a otra

Dentro de los tipos de miedos que se suelen heredar o transferir, están el temor a correr riesgos, puede ser en el área física, como practicar deportes extremos, subir a un avión, etc., o en lo emocional, como miedo a fracasar, a enfrentarse a situaciones nuevas, etc., que a la larga coartarían la independencia y autonomía del niño, subraya Rada.

Si estos pequeños no han superado sus miedos e inseguridades y conviven con ellos hasta la etapa de la adultez, existe una altísima probabilidad de que los transmitan a su siguiente generación, puntualiza Suárez; por lo que el heredero, en el futuro, pasará a convertirse en la misma persona temerosa que le dejó esa herencia.

APUNTES

- Los miedos en el niño suelen aparecer entre los tres y seis años. Aún no comprende el mundo que lo rodea y no separa lo real de lo imaginario.

- Hay miedos normales hasta cierta edad, que con los años desaparecen según madura el niño. Los hay evolutivos. Atiéndalos sin angustia.

- Analice sus propios miedos y preste atención a cómo los muestra a sus hijos e hijas.

- Procure hablar de sus miedos y enfrentarlos. No se trata de decir a sus hijos que no le teme a nada, sino de enseñarles a enfrentar sus temores.

- Evite expresiones exageradas. Los niños las interpretarán como más graves de lo que son.

- Cuando el niño o niña tema enfrentarse a algo, escú-chele y anímele a hacerlo y vencer su miedo. No hay me-jor triunfo que vencerse a uno mismo. Verá el orgullo que se siente luego de lograrlo.

- Evite sobreprotegerle y hacer las cosas por él o ella.

Test para padres

Conteste sinceramente las siguientes preguntas:

1. Suelo asustar a mis hijos en cosas cotidianas:

Sí - No

2. Solo los asusto y no les doy una explicación:

Sí - No

3. Cuando los exalto veo que ellos están tensos:

Sí - No

4. Percibo inseguridad en mis hijos:

Sí - No

5. Los ayudo poco o nada a discernir lo real de lo ficticio:

Sí - No

6. Mis hijos suelen tener problemas del sueño, como pesadillas:

Sí - No

7. Comparo a mis hijos con sus amigos que se muestran más valientes:

Sí - No

8. Tiendo a sobreprotegerlos:

Sí - No

9. Cuando mis hijos están ante un peligro, solo les grito que salgan de ahí sin ayudarles:

Sí - No

10. Brindo poca o nula seguridad y confianza a mis hijos:

Sí - No

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