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El miedo

El miedo

Hay quienes sostienen que el miedo es la carga más difícil de descargar. Creo que el temor obedece a variadas causas: unas, generadas por la prepotencia y agresiones por parte de alguien investido de poder; otras, generadas por el sentimiento de culpa y por la amenaza del castigo.

En la primera, el miedo es inhibidor y la víctima, aunque llena de odio, renuncia al ejercicio de sus derechos por las represalias que pudieran sobrevenirle. En la segunda, en el cerebro de quien ha delinquido y teme haber sido descubierto en sus fechorías explota una tormenta mental. El miedo, entonces, se dispara en distintas direcciones, que van desde la pusilanimidad hasta el cinismo y la violencia agresiva, aunque la carga del miedo siga siendo difícil de descargar.

Trasladando estas reflexiones al escenario político ecuatoriano, observamos que el carácter autocrático de Correa ha atemorizado a muchos al demostrar que los poderes del Estado -todos ellos- se concentraron en sus explosivas manos. Correa olvidó -y le estaba prohibido olvidar- que el temor a su Gobierno y a su omnipotencia soberana, esgrimido como herramienta para consolidar su poder, abonó también el terreno para la expansión de la corrupción, confiada y convencida de su impunidad.

La corrupción atribuida a este Gobierno es calificada como rampante, inescrupulosa y la más grande de nuestra historia republicana. ¿Son frases de campaña electoral o guardan alguna veracidad? La red de corrupción en Petroecuador y varios casos más corroborarían lo segundo. Y los casos de despilfarro que siguen anunciándose robustecerían tal idea, mientras nuestro presidente exclama orgulloso en una sabatina que “estamos ahorrando más que nunca”.

Hoy se considera que la corrupción denunciada es emblemática de una época (digamos mejor de una década), que cumple con un proceso histórico: nacer, crecer y, dada la voracidad que despierta, terminar explotando para regenerarse luego. Sus autores se engolosinan y hacen de la corrupción una práctica rutinaria finalmente esclerótica, olvidando que también para robar y defraudar se requiere de cierto talento y gran creatividad. Inflar groseramente presupuestos, extorsionar, exigir coimas y otras excrecencias semejantes, encajan en lo burdo, en lo brutal, y el amedrentador grito de “patria o muerte” les viene de perillas para conseguir los delictuosos premios de un nacionalismo estúpido.

¿Es Glas deshonesto? ¿Quién puede aseverarlo fehacientemente? Lenín Moreno ha afirmado que el binomio “está más fuerte que nunca”, según escueta nota de prensa, sin emitir un imprescindible juicio de valor sobre la cuestionada idoneidad moral de Glas. ¿Simplemente transmitió la tenacidad de su partido y su disciplinada obediencia?

El temor a perder la contienda electoral y que se descubra todo lo que de indebido hicieron, resulta ser un acicate para ir al todo por el todo. Cuatro años más de impunidad estarían en juego.

Son preguntas aún sin respuestas, que obligan a la ciudadanía a tejer sus propias conclusiones. Lo cierto es que, esta vez, la verdad en política, saturada de temores, aún sigue sin salir a flote.

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