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Micrófono rima con misógino

OPINIÓN. En un programa de radio, el entrevistador Carlos Vera lanzó un comentario de apariencia inocente, que esconde fuertes cargas misóginas.

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Desde la antigüedad, el discurso femenino ha sido silenciado por el masculino en los espacios de poder, según la historiadora estadounidense Mary Beard.Needpix

“¿Sabes el peligro que es concentrar tanta poder…? (sic)”, dice el periodista Carlos Vera en una entrevista radial —cuyo video circula en Twitter— con el prefecto del Guayas Carlos Luis Morales. Hace una pausa y mira a las periodistas María Clara Triviño y Lenssy Rodríguez, también entrevistadoras, y les dice: “Y esto no se ofendan ustedes aquí (sic). Ojo, las dos”. Y continúa: “En una persona, debería decir, pero ¿sabes el peligro que es concentrar tanto poder en una mujer?”.

Vera habla de Pamela Aguilera, directora de Estudios y Proyectos de la Prefectura, y a quien Morales le ha confiado funciones clave dentro de ese órgano de gobierno.

El comentario de Vera es machista y misógino. Sí, misógino. ¿Por qué?

Aunque muchos utilizan el concepto literal de misoginia que aparece en la RAE para deslegitimar este argumento, debemos entender el término en sus aplicaciones diarias y reales. Según el diccionario de la Academia, el significado de esta palabra es: Aversión a las mujeres. Por eso muchos defensores de los machirulos dirán que Carlos Vera no odia a las mujeres, al contrario, le encantan porque aprecia su belleza. O dirán que ama a su esposa, madre o hermana, tratando de invalidar todo posible análisis.

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Sin embargo, Kate Mann —profesora de Filosofía de la Cornell University— explica en su libro Down Girl: The Logic of Misogyny (La lógica de la misoginia, 2018), que la misoginia es un “fenómeno político y social con manifestaciones psicológicas, estructurales e institucionales”.

La periodista colombiana Catalina Ruiz-Navarro también habla sobre esto en su libro Las mujeres que luchan se encuentran. “La misoginia es un prejuicio casi imperceptible, una desconfianza hacia las mujeres que sentimos hombres y mujeres”, escribe Ruiz-Navarro. “Un desprecio por lo femenino que corre profundo en nuestra cultura”.

Es decir que tenemos arquetipos sociales asignados para las mujeres, y cuando se salen de esos moldes, las condenamos, odiamos o catalogamos como extrañas, locas, malas.

Uno de esos roles criticables es el del poder. Nos incomoda ver a las mujeres en cargos de poder. (De esto mucho sabe Disney, que suele retratar como la malvada a la mujer independiente y poderosa y, como buena, a la virgen, joven y sumisa). Las mujeres en puestos políticos suelen estar en constante análisis como parte de este sistema misógino.

Esto no significa que todas las mujeres que llegan a cargos públicos o de decisión sean impolutas o intachables. Significa que debemos cuestionar sus acciones igual que las de los hombres. Hablemos de su capacidad, de su eficiencia, de su gestión, de sus ideas. No de su género, ni de su ropa, de su apariencia o su edad. Como sí pasa con políticas como Michelle Bachelet, Hillary Clinton y Alexandria Ocasio-Cortez, expuestas continuamente a una exhaustiva mirada que cuestiona y lleva cuenta de todo su armario.

Cuando hace ese comentario, Vera no critica ni la preparación de Pamela Aguilera, ni su formación, sus antecedentes, su experiencia o su capacidad. Tampoco sus ideas, argumentos o su desempeño. Lo que le da miedo es ver a una mujer con poder.

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Lo peor es que es reincidente con su machismo. La semana pasada fue justamente Vera uno de los primeros en reaccionar al tuit machista de Alfonso Harb, en el cual el exlegislador comparaba a Shakira y a Jennifer López con envases de Coca Cola. Le advertía que ya lo criticarán por ese comentario, con un subtexto que parece decir “ya te van a empezar a atacar las locas”.

A Carlos Vera le da miedo que el poder se concentre en una persona, pero si es mujer, es peor. Y como él, muchos ecuatorianos y ecuatorianas tienen miedo de que las mujeres ocupen esas posiciones de poder. Si no, pregúntenle a Rosalía Arteaga.

Pero spoiler alert: Es el siglo XXI.