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Mi bendicion
Pidiendo disculpas a mis lectores porque esta vez no trataré temas de índole política, me referiré a un maravilloso ser humano, al que conocí hace casi veinticuatro años.
El primer encuentro bien podría, en mi caso, catalogarlo como “amor a primera vista”. Bastó sentir su tierna mano aferrada a la mía para quedar prisionero de su sencillez.
En aquella época sonaba en las radios la canción Negra mi vida, del cantautor Francisco Terán, cuya letra de alguna manera me generaba cierta identificación con la situación vivida.
Conocí a este maravilloso ser humano pocos meses antes de ser diagnosticado con uno de esos síndromes de nombre raro, de los que ponen a prueba la fe y la actitud frente a la vida; su llegada fue providencial, ya que me inyectó fortaleza y determinación para seguir batallando.
Con el transcurrir de los años compartimos alegrías y tristezas; proyectos y aficiones. Horas enteras de lectura, disfrutando de aquella música que rompe barreras del tiempo. Navegamos procurando controlar el viento en la vela, experiencia que disfrutamos a plenitud. Las interminables tertulias sobre el propósito que otorga Dios a nuestra vida y el compromiso que aquello conlleva para ser parte de la solución y no del problema, teniendo presente que toda acción repercute en el ser humano, encontrando como respuesta el servicio comunitario, específicamente en el voluntariado, el cual nos permitió ser proactivos en la solución.
Los momentos difíciles no nos han sido ajenos, pero aprendimos a sacar de ellos, las mejores enseñanzas para nuestra vida.
Veinticuatro años transcurrieron desde el primer encuentro, marcado por un simple apretón de mano. De aquel tiempo a la actualidad, en mi caso, he recorrido más de la mitad del camino de la vida y he escrito la mayor parte del libro de mi existencia. Solo Dios sabe cuándo y cómo llegará su epílogo; no así ese maravilloso ser humano, quien hoy es aquella profesional que cariñosamente me llama papá, sin imaginar que llegó a mi vida para ser mi fortaleza, convirtiéndose, casi imperceptiblemente, en mi bendición.