Mi amigo el nuncio

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Mi amigo el nuncio

Fue a la noche del 22 de junio, mientras cenábamos con Su Excelencia en lo que sería la última vez nos reuníamos en funciones de nuncio apostólico, representante del papa, que nos comentó que al día siguiente tomaría su avión a su nuevo destino, Bratislava, capital de Eslovaquia, a orillas del Danubio, lugar de ensueño, con paisajes paradisíacos, considerado como la reserva natural de Europa, con impresionantes castillos, gente de paz, uno de los países menos violentos y con una conferencia episcopal con pocos obispos, bien llevados y armoniosos.

La amena conversación me trajo a la memoria la primera vez, de muchas, que Su Excelencia nos pidió intervenir como articulador público-privado, en medio de una de las tantas crisis que tuvo que soportar en la relación Iglesia-Estado en la administración anterior. Cuando algún funcionario insistía en eliminar los sitios de oración en los centros de salud estatales, o cuando se atropelló la educación fiscomisional, o se legisló para que los predios de la Iglesia paguen impuestos, o cuando hubo un proyecto de ley para normar el uso hasta de las sotanas, o los temas graves, como intervenir en las decisiones del Vaticano para elegir a sus obispos, y ante el capricho de otro funcionario amenazarlo con declararlo persona “non grata” y romper relaciones diplomáticas con la Santa Sede. De crisis en crisis, aprendimos a quererlo y a valorarlo.

Es verdad que en la diplomacia diez años es una eternidad, también en la política lo es, pero quienes estuvimos cerca de Giacomo Ottonello, el ser humano, aquel trabajador incansable, de vida austera, que viniendo de familia trabajadora de Génova no esquivó la vista permanente a cada rincón de este país que le queda en deuda, desde la visita del papa Francisco, hasta los nombramientos de muchos miembros de la actual Conferencia Episcopal. En lo personal extrañaré su espíritu conciliador, que a pesar de todas las afrentas del gobierno de Rafael, esgrimía como bandera la defensa de la libertad de la Iglesia y el respeto a todas las tendencias que existen dentro y fuera de ella. Gracias Su Excelencia, jamás lo olvidaremos.