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Metamorfosis politica
Del gobierno anterior de la RC al de la AP (que aunque cambien de siglas tienen el mismo color verde de la esperanza) hemos pasado del monólogo sabatino al diálogo por decreto. Es decir que como “uno es ninguno” (aunque quería ser “todo”), ahora no nos gobierna una única voluntad, ya que el nuevo gobernante se mueve de un lado a otro, yendo de la izquierda a la derecha, pasando por el populismo, la peluconería y el populacho propiamente dicho, para portarse ecléctico. Y sin tener un miedo aséptico por acercarse a cualquier personaje para cruzar criterios y sacar una conclusión final. Con esta modalidad que puede haber tomado por sorpresa a cierta gente que votó por el Guillo solo por oponerse al correísmo (y no por ser admiradora del banquero del barrio) y a los que mismamente sufragaron en favor del licenciado por su fidelidad al socialismo del siglo XXI, parece haberse llegado a una suerte de luna de miel entre dos novios que se casaron sin amor pero que mantienen ahora su fidelidad por mutua conveniencia. No sabemos hasta cuándo durará tan “belle époque”, pero el caso es que hay que aprovechar tal realidad que ojalá se prolongue más allá de esos cálculos pesimistas que nunca faltan, sobre todo entre los agoreros del desastre. De todas maneras la duda metódica cartesiana surge cuando vemos las mismas caras, ya en similares cargos que ocuparon en la “década pasada”. O un tanto reciclados. Como para decir aquello de la “misma jeringa con diferente bitoque”. Esto es un idéntico ministro dirigiendo otra vez las finanzas. O sin cambiar al director del IESS, que juró por lo más santo, en el mandato anterior, que el Gobierno no le debía un centavo a la entidad que dirigía. ¿Será que los cambios se irán haciendo poco a poco y no de golpe y porrazo para no crear confusiones? ¿Quiénes se volverán morenistas y quiénes permanecerán fieles -de fidelidad absoluta- al expresidente?
Todo puede suceder en este país en el que cambiábamos de presidente como cambiar de camiseta, en el que Lucio llegó de “rojo” y en su primer viaje a la Yoni declaró su amor al imperio, y en el que a García Moreno “lo partió un rayo” y no por ser político precisamente, etc.