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Un mercado que celebra la tradicion y las artesanias

El colorido de los ponchos y sacos de lana se mezcla con la sobriedad y elegancia de los sombreros de paja toquilla y las figuras de tagua. Ocurre todos los días en el Mercado Artesanal, ubicado en el barrio La Mariscal, en el centro-norte de Quito.

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Tradición en 198 locales. El colorido de los ponchos y sacos de lana se mezcla con la sobriedad y elegancia de los sombreros de paja toquilla y las figuras de tagua. Ocurre todos los días en el Mercado Artesanal, ubicado en el barrio La Mariscal, en el centro-norte de Quito.

Y, el mercado está de fiesta: hoy cumple 17 años. Los artesanos más antiguos todavía recuerdan que se formó casi por obligación. En el 2000, ellos hacían peripecias para vender sus productos en la calle: eran informales y tenían constantes problemas con el Municipio capitalino. Solo algunos tenían permiso de trabajo.

Después de un censo, las autoridades los ubicaron en el sitio que ocupan hasta hoy.

¿El peor recuerdo? Un incendio que, en 2005, consumió buena parte de la estructura. De una u otra forma, todos los comerciantes perdieron algo: unos afectados por el fuego y otros porque las tareas de reconstrucción tomaron seis meses, más o menos.

El Municipio, entonces a cargo de Paco Moncayo, les prestó la plata para los arreglos.

Pablo Revelo es propietario del local n.° 36. Recuerda que llegó al mercado el 13 de mayo de 2000. Es uno de los ‘fundadores’, cuenta a EXPRESO con orgullo.

De los primeros artesanos quedan pocos. Apenas un 20 % calcula. Los demás han vendido o arrendado sus locales con el paso de los años. Él sabe que el Mercado de la Mariscal es parada fija para turistas nacionales y extranjeros que buscan un recuerdo de Ecuador.

Ayer, Revelo era uno de los más ocupados. Los artesanos no quisieron que su cumpleaños pasara desapercibido: una banda de pueblo los acompañó desde el mediodía, así como un grupo de ballet folclórico. Hoy habrá una casa abierta.

Mientras la música sonaba en la plaza central, en los estrechos pasillos se vivía el frenesí habitual. Un grupo de extranjeros, con sus mochilas al hombro, paseaba entre los locales de ropa. Los coloridos pantalones elaborados en Otavalo llamaron su atención aunque, al final, no los compraron.

Una pareja de españoles, en cambio, sí se decidió por adquirir bisutería: un pequeño dije que representaba una chakana indígena fue el elegido.

Marco Quishpe, presidente del Mercado Artesanal, asegura que los tejidos, bordados, sombreros, bolsos de cuero y las joyas de plata son, entre otras, las artesanías que más demanda tienen, según recogió el Ministerio de Turismo, en un comunicado.

Revelo reconoce que, con el paso de los años, el sistema de producción ha cambiado. Seguimos vendiendo, cuenta, lo mismo que hace veinte años, pero los fabricamos de forma diferente. Antes, recuerda, casi todo se hacía a mano. Hoy las máquinas reducen el esfuerzo y hacen que la venta sea más rentable. Los precios, destaca, son bajos y mucha gente no quiere pagar lo que cuesta el trabajo de los artesanos.

Otro de los motivos de orgullo que tienen los artesanos es que el mercado no es un centro comercial quiteño. “Tenemos representación nacional”, dice Revelo.

Según los datos de la administración, el 55 % de los artesanos proviene de Imbabura. Los otavaleños son mayoría. Un poco más atrás están los Saraguros y los provenientes de Azuay. Roberto Larco, administrador del mercado, precisa que “también hay compañeros de Guayaquil y Portoviejo”.

De la región Costa, sin embargo, hay más visitantes que vendedores. Los comerciantes esperan con ansias la época de vacaciones. ¿Qué compran los guayaquileños? Ropa o tejidos ligeros, “sobre todo los elaborados en Otavalo aunque también se llevan sacos y bufandas”, cuenta Larco. Revelo añade: gorras y chales delgaditos.

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