Mejor estabamos sin Cpccs

No reniego de la participación ciudadana pero, el Cpccs no la propició nunca. Fue un instrumento creado para “garantizar el control de los organismos de control” poniéndolos al servicio de la vocación totalitaria de la década infame.

Lo que hizo Trujillo le dio un prestigio que explica la actual confusión entre quienes lo consideran importante pero, recuérdese bien, el propio Julio César solicitó su desaparición.

Ahora, salvo excepciones, se sospecha que buena parte de la lista de aspirantes a integrar el Cpccs son correístas camuflados y que parte de los objetivos de lo que queda de ese grupo político es recuperar poder tomándose, precisamente, la conducción del Cpccs.

¿Qué hacer a estas alturas del paseo? Ya no se puede maldecir por no haberle hecho caso al olfato de J. C. T. , que planteó su punto de vista con todas las letras, no por una actitud caprichosa, sino por haber tomado clara conciencia del poder que se confería a quienes integrarían dicho complejo organismo. Tampoco se puede sugerir anular el voto. Pareciera más positivo empezar a elaborar una buena polla con los nombres de aquellos ciudadanos que brinden un cierto grado de seguridad respecto a lo sano de sus intenciones al aspirar a tan alta representación, sobre todo cuando su comportamiento tuvo la dignidad que se esperaba de los hombres y mujeres honrados y patriotas durante la dictadura que nos asoló por diez años: se los pudo observar combatiéndola. Y es que otorgándole el valor que tiene aquello de “por sus obras los conoceréis”, vigente está en la memoria colectiva lo por ellos actuado.

Así, reconociendo la buena fe de algunos de quienes han prestado su nombre para aspirar a tan alta dignidad, podremos separar para beneficio de la República el trigo y la cizaña.

De paso, y hay que anotarlo, los aspirantes al Cpccs no pueden hacer otra campaña que la insulsa presentación en escasos minutos de cómo van a pretender ampliar la decantada participación, como si ella dependiera de la elaboración de un plan y no de un sostenido proceso educativo que nos rescate de la condición de habitantes con cédula.